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lunes, 10 de agosto de 2026
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Biodiésel: qué es, cuánto se produce y qué tan bueno es para el medio ambiente

Este 10 de agosto se conmemora el Día Internacional del Biodiésel, un combustible producido a partir de materias primas de origen vegetal o residuos que se utiliza como alternativa o complemento al diésel derivado del petróleo. Colombia es uno de los países que ha desarrollado una industria alrededor de este combustible, principalmente a partir del aceite de palma.

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Cada vez que un vehículo de carga, un bus o una maquinaria funciona con diésel, existe una alternativa que busca reducir parcialmente la dependencia de los combustibles fósiles: el biodiésel.

Aunque el término puede sonar técnico, la idea es relativamente sencilla. Se trata de un combustible que se obtiene a partir de aceites y grasas de origen biológico y que puede mezclarse con el diésel convencional para alimentar motores que utilizan este tipo de combustible.


Por eso, en lugar de pensar en el biodiésel como un reemplazo inmediato del petróleo, es más apropiado verlo como una herramienta que permite reducir progresivamente el uso de combustibles fósiles mientras se desarrollan otras alternativas para el transporte.

¿Qué es exactamente el biodiésel?

El biodiésel es un combustible renovable producido a partir de materias primas como aceites vegetales, grasas animales y, cada vez con mayor interés, aceites de cocina usados y otros residuos.

En Colombia, la principal materia prima es el aceite de palma. Empresas del sector producen biodiésel a partir de este recurso agrícola, que posteriormente se mezcla con el diésel fósil utilizado en el transporte.

La ventaja de este sistema es que no es necesario cambiar completamente los vehículos que ya funcionan con diésel. En determinadas proporciones, el biodiésel puede mezclarse con el combustible tradicional y utilizarse en los motores existentes.

Por eso aparecen denominaciones como B10, B15 o B20. La letra B significa biodiésel y el número indica el porcentaje de este combustible dentro de la mezcla.


En Colombia, la mezcla de diésel con biodiésel se ha ubicado por encima del 13 % y la OCDE-FAO prevé que se mantenga en ese nivel durante los próximos años.

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¿Para qué sirve?

Su principal función es reemplazar una parte del diésel derivado del petróleo.

Esto tiene varias implicaciones.

La primera es energética. Si una parte del combustible utilizado por el transporte procede de recursos producidos dentro del país, se puede reducir la necesidad de depender exclusivamente del petróleo y de los combustibles importados.

La segunda es económica. En el caso colombiano, la producción de biodiésel está relacionada con una cadena agrícola e industrial que incluye el cultivo de palma, la extracción de aceite, su transformación y la distribución del combustible.

Y existe una tercera razón: el cambio climático.

El transporte es uno de los sectores que más depende de combustibles fósiles. Por eso, mientras la electrificación avanza en automóviles y otros vehículos, los biocombustibles pueden tener un papel especialmente relevante en segmentos donde cambiar rápidamente de tecnología resulta más difícil.


La Agencia Internacional de Energía considera que los biocombustibles pueden contribuir a reducir las emisiones del transporte, especialmente en sectores como el transporte pesado, marítimo y aéreo, donde las alternativas de bajas emisiones todavía enfrentan mayores dificultades.

¿Cuánto biodiésel se produce en el mundo?

El mercado es considerable y continúa creciendo, aunque no existe una única cifra mundial que permita hablar exclusivamente de biodiésel convencional sin mezclarlo con otros combustibles renovables.

La OCDE y la FAO proyectan que la producción mundial de diésel basado en biomasa llegará a 80.900 millones de litros en 2034. Esta categoría incluye el biodiésel convencional, el diésel renovable y el combustible sostenible de aviación.

La materia prima también está cambiando. Según las mismas proyecciones, alrededor del 70 % de las materias primas utilizadas actualmente para producir este tipo de combustibles proviene de aceites vegetales, mientras que un 24 % corresponde a aceites de cocina usados y sebo.

Esto muestra hacia dónde se está moviendo la industria: no solamente hacia cultivos agrícolas, sino también hacia el aprovechamiento de residuos que de otra manera podrían terminar desechados.

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¿Y qué pasa en Colombia?

Colombia cuenta con una industria de biodiésel desarrollada alrededor de la palma de aceite.

Según cifras divulgadas por Fedebiocombustibles, durante 2024 se comercializaron alrededor de 688.000 toneladas de biodiésel en el país y para 2025 se proyectaba llegar a unas 716.000 toneladas.


El sector, sin embargo, también enfrenta retos. La disponibilidad y el precio de la materia prima pueden afectar los costos de producción. En 2024, por ejemplo, el Gobierno tuvo que adoptar medidas temporales relacionadas con el porcentaje de mezcla debido a dificultades de abastecimiento de materia prima. En ese momento, las proyecciones del sector estimaban una producción de 165.214 toneladas para el último trimestre del año.

Esto permite entender que el biodiésel no es solamente un asunto ambiental: también está relacionado con agricultura, precios, empleo, transporte y seguridad energética.

¿El biodiésel realmente contamina menos?

La respuesta es sí, pero con matices.

El biodiésel no es un combustible completamente limpio. Al utilizarlo en un motor también se producen emisiones.

Sin embargo, los beneficios ambientales pueden aparecer cuando se analiza todo el ciclo de vida del combustible, desde la producción de la materia prima hasta su utilización.

La Agencia Internacional de Energía advierte precisamente que el beneficio climático de un biocombustible depende de cómo se produce. El análisis debe tener en cuenta las emisiones de toda la cadena y, especialmente, aspectos como el cambio en el uso de la tierra.

Además, la Administración de Información Energética de Estados Unidos señala que los biocombustibles generalmente generan menores impactos ambientales que los combustibles fósiles y que su combustión puede producir menores emisiones de material particulado, dióxido de azufre y algunos contaminantes atmosféricos. Sin embargo, también advierte que el biodiésel puede generar ligeramente más emisiones de óxidos de nitrógeno (NOx) que el diésel derivado del petróleo.


Por eso, decir simplemente que “el biodiésel no contamina” sería incorrecto.

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El gran desafío está en cómo se produce

Aquí aparece uno de los debates más importantes.

Si para producir un biocombustible se utilizan residuos, aceites usados o materias primas producidas de manera sostenible, el beneficio ambiental puede ser considerable.

Pero si para aumentar la producción es necesario transformar ecosistemas naturales, desplazar cultivos alimentarios o generar grandes emisiones durante el proceso productivo, parte de ese beneficio puede desaparecer.

La OCDE y la FAO señalan que las materias primas convencionales continuarán teniendo un papel predominante en los próximos años, aunque los residuos y otras materias primas alternativas están ganando importancia.

En otras palabras, no basta con que un combustible sea de origen vegetal para considerarlo automáticamente sostenible.

¿Es el biodiésel la solución definitiva?

Probablemente no.


El futuro del transporte tendrá que combinar diferentes tecnologías: vehículos eléctricos, combustibles renovables, mejoras en eficiencia y, para algunos sectores, otros combustibles de bajas emisiones.

Pero eso no significa que el biodiésel sea irrelevante.

Su principal fortaleza está en que puede utilizarse dentro de una infraestructura de transporte que ya existe, reduciendo parcialmente el consumo de diésel fósil sin exigir que todos los vehículos sean reemplazados inmediatamente.

Por eso, en el Día Internacional del Biodiésel, la discusión más interesante no debería ser si este combustible es “bueno” o “malo” para el medio ambiente.

La pregunta es otra: ¿cómo podemos producir combustibles renovables que realmente reduzcan las emisiones sin trasladar el problema ambiental a los cultivos, los bosques, el agua o la producción de alimentos?

Ese será uno de los grandes desafíos de la transición energética en los próximos años.

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