5 oficios que ya no existen o están a punto de desaparecer
No siempre lo parece, pero Colombia ha cambiado mucho en las últimas décadas. Un niño de hoy —especialmente uno citadino— seguramente tendrá dificultades para imaginar algunos de los oficios que conocieron sus padres. A continuación, cinco de ellos y una ñapa.
1. Enderezador de puntillas
Aunque suene curioso, hubo un tiempo en el que las puntillas eran objetos lo suficientemente costosos como para que resultara rentable contratar a alguien para enderezarlas y reutilizarlas en las obras de construcción. Y así de barata era la mano de obra.
Este personaje utilizaba un martillo para devolver a la vida las puntillas que habían sido utilizadas en la construcción de andamios y otros objetos de carpintería, luego de que estos fueran desbaratados. Todavía hoy, puede verse en algunas zonas rurales del país.
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2. Colocador de bolos
Ir a jugar bolos con la familia o las amistades fue, y todavía es, un plan común en pueblos y ciudades. Lo que ha ido quedando atrás es el mecanismo tradicional mediante el cual los pines volvían a estar en su lugar, luego de que el jugador los había tumbado en sus esfuerzos por hacer moñona. Hasta hace no tanto, los dispositivos automáticos de recogida y posicionamiento de bolos eran un lujo de unas cuantas boleras sofisticadas. En cambio, había jóvenes tras el tablero, a veces incluso niños, que recogían los bolos tan rápido como podían para volverlos a colocar en su lugar. Todavía es posible verlos en boleras tradicionales, tanto en las ciudades como en las poblaciones pequeñas, pero puede decirse que este oficio tiene los días contados.
3. Mecanografista
Hubo un tiempo en el que los jefes y empleados con altos cargos en las empresas les dictaban a sus secretarias, usualmente mujeres, las cartas, memorandos, comunicados y demás documentos que necesitaban escribir en su día a día. Al desempeñarse como mecanografistas, copiaban a altas velocidades en sus máquinas de escribir lo que les dictaban oralmente, cuidándose de equivocarse lo menos posible, pues borrar una letra, y aún más una frase, era una labor dispendiosa que requería plastilina limpiatipos, borradores especiales y hasta bisturí.
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Para aprender esta labor, existían cursos de mecanografía en los que se enseñaban, entre otras cosas, tips para recordar frases largas y cómo escribir con los diez dedos, evitando que estos cayeran en los espacios entre las teclas, y con la postura indicada.
Si bien estas secretarias solían tener otros oficios además del de mecanografistas, puede decirse que este último ha desaparecido, al menos en las oficinas de las grandes ciudades. De hecho, todavía pueden verse mecanografistas, por ejemplo, al frente del edificio de Coltabaco (en Cali), del Centro Administrativo Distrital-CAD (en Bogotá) y del Palacio de Justicia (en Manizales).
4. Ascensorista
Hoy en día, los edificios son una cosa común en las ciudades y, con ellos, los ascensores. Pero no siempre fue así. Los edificios altos fueron una rareza hasta hace unas cuantas décadas, y en los de hasta 5 pisos se consideraban suficientes las escaleras. Por esta razón, los ascensores no eran un elemento común ni cotidiano para muchos ciudadanos. Probablemente por el miedo a que los visitantes se quedaran encerrados o manipularan inadecuadamente los botones y los dañaran o desconfiguraran, los ascensoristas no eran una cosa rara. Se trataba de señores o señoras, normalmente sentados en un banquito o parados al lado de este, que preguntaban adónde se dirigían los visitantes y se apresuraban a oprimir los botones de los diferentes pisos, los de abrir y cerrar la puerta y, de ser necesario, el de alarma o llamada. Y, con gran determinación, evitaban que los más curiosos —adultos y niños por igual— hundieran los botones por su cuenta.
5. Asesor de curva
Colombia es un país famoso por su difícil geografía. Todavía hoy, a pesar del avance de las vías 4G, vehículos particulares y de carga comparten espacio en carreteras difíciles, en las que la alta accidentalidad es una preocupación constante de los conductores. Han hecho carrera las quejas de los viajeros por la ausencia de dobles calzadas, incluso en corredores viales de altísimo tráfico vehicular e importancia estratégica para la economía del país, lo que los obliga a aventurarse por carriles estrechos, con alta pendiente, escasa visibilidad y curvas que a veces parecen imposibles.
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En efecto, hay curvas tan difíciles que hasta tienen nombre. Para sortear esos radios de giro impensables para una carretera moderna y hasta los peraltes al revés de algunas de ellas, existen los “asesores de curva”. Estos personajes les avisan a los conductores si viene una tractomula en sentido contrario e invadiendo su carril —cosa a la que los llamados muleros se ven obligados para poder voltear—. De ser así, dirigen el tráfico para evitar colisiones. A cambio, los agradecidos conductores lanzan unas cuantas monedas a la carretera, que los muchachos recogen rápidamente, antes de que pase otro vehículo por el lugar.
Hasta que se puso en marcha el proyecto “Cruce de la Cordillera Central”, era común ver a los asesores de curva en la carretera de La Línea, cerca a Calarcá. Si bien hoy siguen estando presentes en otras vías que no han hecho parte de las obras 4G, por lo menos en este corredor vial parecen haber desaparecido.
Y la ñapa: Telegramista
Antes del Whatsapp existieron herramientas como Messenger e ICQ, con las que era posible enviar mensajes instantáneos a través del Internet. Y antes de eso, o bien no existía el Internet, o bien era un lujo reservado para unos pocos. En esa época, de los 90 hacia atrás, una persona ávida de comunicar un mensaje rápidamente podía acudir a la oficina de telegramas. Allí, el telegramista copiaba el mensaje y lo enviaba por telégrafo a la oficina de la localidad donde estaba ubicado el receptor, quien podía dirigirse hasta el establecimiento o recibir el mensaje en la comodidad de su casa.
Dado que se cobraba por caracter, el mensaje se caracterizaba por ser breve. Incluso, era frecuente que las palabras se escribieran en formas recortadas y existían abreviaturas conocidas para muchas de ellas. Usted podía recibir, por ejemplo, el siguiente mensaje: “CAMA LLEGA CON NOSOTROS LUNES FELICES BESOS”.

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