Esto es lo que se va a negociar con Estados Unidos para reducir arancel del 10% sobre exportaciones colombianas
El último informe de Estados Unidos sobre barreras arancelarias y no arancelarias que impone Colombia agrupa las exigencias de Trump para moderar sus medidas comerciales sobre las exportaciones de Colombia y otros países.
El más reciente Informe Nacional de Estimaciones sobre Barreras al Comercio Exterior, publicado por la Oficina del Representante Comercial de los Estados Unidos (USTR), identifica los obstáculos que enfrentan las exportaciones, inversiones y servicios digitales estadounidenses a nivel global.
El reporte subraya la persistencia de políticas que limitan el acceso a mercados extranjeros, con énfasis en la reciprocidad comercial como eje de la estrategia estadounidense. Entre las acciones propuestas figuran la imposición de aranceles compensatorios y negociaciones bilaterales para reducir prácticas consideradas desleales por parte de Estados Unidos
Las barreras se agrupan en 14 categorías, que incluyen medidas sanitarias, propiedad intelectual, subsidios y obstáculos técnicos. En el caso de Canadá, el informe cuestiona los altos aranceles a productos lácteos y avícolas; sobre China, señala trabas a cultivos transgénicos; y respecto a la UE, critica regulaciones ambientales que afectan exportaciones estadounidenses.
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Qué dice el informe sobre Colombia
Aunque Colombia no figura entre los socios comerciales con mayores restricciones, como Canadá, China o la Unión Europea, el gobierno estadounidense manifiesta preocupaciones puntuales en diversas áreas.
Uno de los principales llamados de atención se relaciona con la lenta modernización de los procedimientos aduaneros colombianos, particularmente la falta de implementación de sistemas digitales para la presentación de facturas, lo que obstaculiza el flujo eficiente de comercio.
Además, se señala la exigencia de certificaciones por terceros para autopartes importadas, consideradas innecesarias debido a que los productos ya cumplen con las normativas estadounidenses.
También se destaca la entrada en vigor de nuevas regulaciones sobre etiquetado de cosméticos y de requisitos técnicos para productos como neumáticos, frenos y dispositivos de seguridad, lo que podría dificultar el acceso de estos productos al mercado colombiano.
En materia sanitaria, el informe cuestiona el requisito de contenido mínimo de ácido láctico en la leche en polvo, impuesto por el Decreto 616, por carecer de fundamento técnico basado en estándares internacionales.
Asimismo, a Estados Unidos le preocupa la entrada en vigor de nuevos procedimientos que exigen el registro directo de establecimientos extranjeros que exportan alimentos como carnes, lácteos y mariscos, una medida considerada costosa y restrictiva.

En el ámbito de la contratación pública, se critica la exigencia de acuerdos Gobierno a Gobierno para las adquisiciones del Ministerio de Defensa, lo que excluye a empresas estadounidenses debido a limitaciones legales del gobierno de EE.UU.
También se mantiene a Colombia en la Lista de Observación del Informe Especial 301 por deficiencias en la protección de la propiedad intelectual, la piratería digital y la venta de productos falsificados, especialmente en mercados informales como los San Andresitos.
Otros puntos sensibles incluyen el nuevo impuesto colombiano sobre la «presencia económica significativa», aplicado desde 2024 a empresas digitales extranjeras. Washington considera que esta medida podría ser discriminatoria hacia proveedores no residentes.
En cuanto a los servicios, persisten las preocupaciones sobre normativas internas que dificultan la terminación de contratos con agentes comerciales, una práctica que afecta a compañías extranjeras.
Por último, en el ámbito laboral, el informe reitera su preocupación por la falta de avances concretos en derechos sindicales y en la protección contra la violencia hacia líderes sindicales, temas que han sido objeto de seguimiento desde 2017.

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Contexto del informe y consecuencias
Si bien las tensiones entre ambos países no alcanzan niveles críticos, la acumulación de estas barreras podría derivar en disputas comerciales formales o afectar la percepción de Colombia como destino confiable para la inversión extranjera.
En este escenario, Colombia entraría debilitada a una eventual mesa de negociación: no cuenta con un ministro de Comercio en funciones ni con una política clara de diversificación de mercados o estrategia de exportaciones.
En 2024, Colombia cerró con un balance negativo con Estados Unidos de USD $1.191 millones, debido a que tuvo exportaciones por valor de USD $14.335 millones e importaciones de USD $15.527. El 70% de las exportaciones colombianas a Estados Unidos son de materias primas y manufacturas de bajo valor agregado. Por el contrario, el 80% de las compras colombianas son de manufacturas.

El llamado de Estados Unidos es claro: Colombia debe avanzar en el cumplimiento de los compromisos asumidos en el marco del Tratado de Libre Comercio e incluso adoptar algunos que sobrepasan lo acordado y reducir las condiciones regulatorias para un comercio que beneficie más a Estados Unidos.
Colombia, sin una postura firme ni un plan integral, enfrenta el riesgo de ceder terreno estratégico en materia sanitaria, comercial y regulatoria, bajo presión directa del principal socio comercial y en un contexto de creciente déficit en la balanza bilateral. En este juego, la amenaza está clara: o Colombia se alinea con las condiciones impuestas, o queda fuera del tablero.