domingo, 4 de diciembre de 2022
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Bogotá da muestras de desindustrialización

Las cifras muestran que en Bogotá ha habido relocalización de las empresas industriales en la Sabana, una tercerización menor de actividades de parte de algunas compañías y ante todo desindustrialización. Análisis.

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Juan Pablo Fernández. Análisis para Más Colombia

En las últimas décadas, cambios en la organización global de producción de mercancías han llevado a varios sitios del mundo a experimentar agudas crisis industriales que, a su vez, han sido fuente de complejas problemáticas económicas, sociales y urbanas. En el documental Roger y yo (1989),  el cineasta Roger Moore cuenta cómo el traslado de la industria automotriz de su ciudad natal, Flint (Michigan), llevó a ese territorio a ocupar los últimos lugares del nivel de vida norteamericano, después de haber estado en la cúspide. Recientemente, Detroit, la otrora capital automotriz de los Estados Unidos, se declaró en quiebra (2013), ante el prolongado declive económico que le generó la crisis de la industria automotriz y la reducción de su población. 

Por el impacto que tiene en factores como las fuentes de empleo y el bienestar general de la población, estudiar la evolución y el fortalecimiento o debilitamiento del aparato industrial es un asunto medular para cualquier ciudad. 

A continuación, se hace una revisión del estado de la actividad manufacturera en Bogotá, capital de Colombia y centro de la industria manufacturera nacional.

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Un gran centro de consumo

Bogotá es el principal centro de generación de riqueza del país. A 2019, su PIB sumó $273,9 billones (DANE), lo que representó el 25,8% del total nacional (Anuario Estadístico de la Secretaría de Desarrollo Económico (SDE), p. 22, 2021). Esta ciudad cuenta con un ingreso per cápita de $39 millones, el tercero más alto del país, después de Casanare y Meta, principales productores de petróleo.

La capital también es un polo de atracción de importaciones y una máquina con poca capacidad exportadora (en 2019, el rubro estaba en el mismo nivel que en 2006 —2.465 millones versus 2.343 millones de dólares—). 

Sobre esta situación, el documento de diagnóstico del POT (p. 99, 2021) expresa que la ciudad tiene una capacidad “débil” de producción y comercio de bienes de alto valor agregado. Asimismo, señala que “el tejido productivo se expone a choques macroeconómicos y tendencias estructurales de la economía nacional como lo son la informalidad empresarial y laboral, la baja escala de la producción y la falta de sofisticación de las exportaciones”.

La descripción citada se ve reflejada en asuntos como que al Distrito Capital arriban el 49% de las importaciones nacionales y salen el 8,97% de las exportaciones del país. Lo que más se trae desde afuera son bienes de alta y mediana complejidad tecnológica (62%), seguidos de productos basados en recursos naturales (25%) —combustibles principalmente— (Boletín importaciones, SDE, pp. 3, febrero 2022).

En efecto, la capital colombiana viene presentando un proceso de desindustrialización (Secretaría Planeación de Bogotá, 2014, y Concejo de Bogotá, Proyecto de Acuerdo No. 352, 2021), que se corrobora con indicadores como el número de establecimientos, el empleo y el consumo de energía. Al comparar los años 2010 y 2019, se evidencia que las cosas van cuesta abajo en todos estos frentes: 

Los establecimientos manufactureros pasaron de 3.868 a 2.524, una reducción del -34,7%; el personal ocupado pasó de 214.561 a 182.356, una caída del -15%, y el consumo de energía total, con el que se obtiene una idea de la intensidad de los procesos de producción, cayó de 1.823 millones a 1.484 millones de kilovatios, un declive del -18,6% (SED, p. 46, cuadro 5.1). 

Los guarismos expuestos también afectan los resultados de la industria colombiana porque la manufactura capitalina representa el 18% del PIB nacional industrial (cálculos con base en datos DANE).

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La ruta de la desindustrialización

Primera estación: un consumo que sube más que la producción. En 2016, el gasto de los hogares bogotanos en vestuario y calzado fue de $5 billones. De estos, $1,4 billones (28% del gasto) correspondieron a importaciones legales de estos rubros. Para 2019, el gasto ascendió a $5,6 billones y las importaciones a $2,1 billones (37,5% del gasto), según cálculos realizados con base en datos del Anuario Estadístico, publicado en 2021 por la Secretaría de Desarrollo Económico (SDE) (cuadros 9.4 y 11.2). En este mismo período, el crecimiento del PIB del subsector industrial de vestuario y calzado fue de -1,1% en términos reales y de 3,9% en términos nominales, mientras el gasto nominal de los hogares subió un 13,16%.

Las compras al extranjero han crecido a un ritmo superior al de la producción local, con lo que han copado cada vez más la capacidad de demanda de la población. Entre 2017 y 2020, el gasto de los hogares en la capital creció un 23,1% (cálculos con base en datos de SDE, Anuario Estadístico 2020, cuadro 9.1). En cambio el PIB industrial en términos nominales cayó en -17,1%, lo que dejó en evidencia las tendencias opuestas que siguen el gasto de los hogares y la producción industrial capitalina.

Segunda estación: un sector manufacturero cada vez menos complejo. Los movimientos descritos han afectado la participación de la industria capitalina en el PIB. Entre 2006 y 2020, de todas las actividades económicas capitalinas la de peor desempeño fue la manufactura, que decreció -3,4%, seguida de la construcción. 

En este resultado influyó la pandemia, pero la problemática venía de antes. Si se revisa el crecimiento acumulado para el período 2006 y 2019, la industria se mantiene en el último lugar en crecimiento, con una variación del 8,7%, seguida de la agricultura (17,9%). Se trata de dos sectores con un papel muy distinto en Bogotá, pues mientras las actividades rurales representan el 0,1% del PIB distrital, las fabriles son el 8,5%, participación que no ha parado de caer durante el siglo XXI.

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Tercera estación: la maquila. La capacidad de añadir valor a las materias primas en la capital viene cayendo. Mientras en 2010 el valor agregado representaba el 45,5% de la producción bruta, en 2019 el indicador bajó al 41,1% (SDE, cuadro 5.1, p. 46). Esto significa que cada vez se gasta más en bienes intermedios (importados muchos de ellos) para ejecutar la producción industrial, lo cual deja en evidencia una transformación industrial hacia el perfil de la maquila.

Cómo han evolucionado los cambios sectoriales al interior de la industria bogotana

Las actividades de peor desempeño al interior de la industria capitalina han sido la Metalurgia, Aparatos eléctricos, Maquinaria y equipos y Automotores y autopartes. Estas actividades no son las de mayor complejidad relativa dentro de la actividad manufacturera global, como lo son, por ejemplo, la producción de microchips o de celulares, actividades inexistentes en Colombia. Sin embargo, son fundamentales para subir por la escalera tecnológica, que es ese proceso mediante el cual un país o territorio va elevando y complejizando sus capacidades productivas mediante el aprendizaje del oficio. 

Entre 2006 y 2019, el PIB de estas actividades sumadas cayó en -10,3%, y entre 2019 y 2020 bajó en -16,6%, lo que llevó a que entre 2006 y 2020 se acumulara una reducción de -27,3%. Estos resultados estadísticos son la expresión de cosas como los recortes tanto de trabajadores como de producción por parte de empresas como GM Colmotores en 2018. También se explican por el hecho de que algunas marcas de línea blanca han preferido importar en mayor proporción los productos terminados, usando sus canales de distribución establecidos, o han simplificado los procesos de ensamble de bienes intermedios industriales que llevan a cabo en la ciudad (ver información general en Cámara de Electrodomésticos ANDI, 2021).

Hay estudios que reconocen la crisis industrial en la capital, pero afirman que esta se debe más a un proceso de relocalización manufacturera en los municipios aledaños de la Sabana de Bogotá y a un fenómeno de desverticalización —cuando una empresa saca de su centro principal de operaciones actividades no estratégicas y las terceriza en otras compañías— que a un proceso de desindustrialización (Nota Editorial SED No. 135, 2015).

El fenómeno de relocalización es señalado por el documento de diagnóstico del POT (p. 105, 2021), el cual agrega que en Bogotá han crecido las industrias artesanales, que son aquellas de muy baja complejidad tecnológica en las que la fuerza humana juega un papel determinante, distinto a lo que sucede en la industria pesada. En efecto, el área ocupada en suelo urbano por las producciones artesanales, entre 2009 y 2016, aumentó en 105%. 

Existe la duda sobre si la relocalización de la producción industrial explica una parte significativa de la pérdida de capacidades industriales en Bogotá, lo mismo que el traslado de las empresas manufactureras a municipios de Cundinamarca. Entre 2011 —año en el que el PIB industrial bogotano alcanzó su nivel máximo del siglo XXI ($20,3 billones)— y 2020, el PIB industrial bogotano en términos reales se redujo en -$3,1 billones, mientras que el de Cundinamarca aumentó en $781 mil millones (PIB departamental, DANE, 2021).

Lo anterior implica que no todo lo que se perdió en Bogotá se ganó en Cundinamarca. Aunque este es un tema de estudio en el que se debe ahondar, estas cifras dejan ver que la explicación de la relocalización es incompleta al momento de analizar la problemática industrial de Bogotá y podría explicar una cuarta parte del proceso desindustrializador. 

De otro lado, la evolución del peso del gasto de subcontratación de trabajos industriales no confirma el argumento de que la desindustrialización en Bogotá también está relacionada con un fenómeno de desverticalización porque, por ejemplo, los gastos de subcontratación de trabajos industriales en 2010 representaron el 4,18% del consumo intermedio de la industria y en 2019 bajaron al 3,5%, aunque tuvieron un leve aumento en valor (De $784 mil millones a $794 mil millones). Esto significa que ha habido un proceso mediante el cual las compañías industriales subcontratan con empresas de otros sectores económicos lo que antes hacían dentro de sus instalaciones, pero de ello no se colige que esta sea una de las principales razones de la pérdida de peso e influencia de la industria capitalina en el PIB distrital.

Las cifras anteriores confirman que sí ha habido relocalización de industrias de Bogotá hacia la sabana cundinamarquesa y tercerización de actividades no estratégicas por parte de los establecimientos industriales. Pero, principalmente, muestran que se ha dado un proceso de desindustrialización de la capital que ha llevado a la pérdida de un factor de generación de riqueza, el cual se ha fugado hacia otros países a través de las importaciones.

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