viernes, 4 de septiembre de 2026
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Respetamos el origen, sembramos innovación

Leonardo Ariza Ramirez Columnista

Leonardo Ariza Ramírez

Gerente general de la Asociación Colombiana de Semillas y Biotecnología (Acosemillas).

IX Congreso Nacional de Semillas y XVI Reunión Latinoamericana del Maíz — Ibagué, 5 y 6 de noviembre

Toda política de seguridad alimentaria empieza en una semilla. No hay productividad, competitividad ni rentabilidad posibles si el primer eslabón de la cadena, una semilla de calidad, mejorada, sana y adaptada a nuestras condiciones, no está garantizado. Cada punto de aumento en el rendimiento por hectárea comienza en el material genético que el agricultor deposita en el suelo.

Con esa convicción, la Asociación Colombiana de Semillas y Biotecnología (Acosemillas), en alianza con la Red Latinoamericana del Maíz, realizará el IX Congreso Nacional de Semillas y la XVI Reunión Latinoamericana del Maíz, los días 5 y 6 de noviembre en el Hotel Estelar de Ibagué, Tolima.

Acosemillas se ha consolidado como el principal referente gremial del sector semillero colombiano. Su trabajo durante la última década no se ha limitado a la organización de eventos: ha construido un ecosistema integral de transferencia de conocimiento, capacitación técnica y representación sectorial, sostenido en tres pilares.

El primero es la capacitación especializada, mediante talleres y seminarios técnicos sobre temas como: biotecnología, legalidad, fitomejoramiento y propiedad intelectual, dirigidos a productores, investigadores y autoridades regulatorias. El segundo es la articulación gremial, que ha permitido posicionar una agenda clara: la lucha contra la ilegalidad en el mercado de semillas, la bioseguridad y el acceso a genética de alto valor. El tercero es la divulgación técnica, a través de medios como El Semillista digital y jornadas informativas que mantienen una educación continua permanente para los agremiados.

El Congreso Nacional de Semillas es el punto donde esos tres pilares convergen. Su valor no se mide únicamente en asistentes, sino en la capacidad de liderar la conversación técnica y regulatoria del país, integrando a los actores públicos y privados en una visión común: seguridad alimentaria a través de la legalidad y la innovación biotecnológica.

Este año nos reuniremos en Ibagué y el escenario no es casual. El Tolima es una de las despensas agrícolas de Colombia y el corazón productivo de cultivos como el arroz y el maíz, determinantes en la seguridad alimentaria nacional. Tampoco lo es el momento. El país se ha propuesto fortalecer la producción nacional, sustituir importaciones de alimentos y dar el salto hacia una vocación exportadora. El Sr. ministro de Agricultura y Desarrollo Rural Indalecio Dangond ha insistido en tres propósitos que hoy definen la agenda del sector: producir más y mejor, sustituir importaciones agrícolas y convertir a Colombia en un país exportador de alimentos, sobre la base de la competitividad, la productividad y la rentabilidad del productor rural.

Los tres objetivos comparten un punto de partida técnico: el acceso oportuno a semillas de alta calidad genética y fisiológica, respaldadas por investigación, mejoramiento vegetal, biotecnología y una regulación moderna y oportuna para la oferta a los productores agrícolas del país.

El Congreso reunirá en una misma mesa a compañías de semillas y tecnologías asociadas, agricultores, productores y comercializadores de insumos, mejoradores de plantas, investigadores, académicos, estudiantes, asistentes técnicos, instituciones del Estado, reguladores y gremios de la producción.

Esa convergencia es, en sí misma, uno de los mayores valores del evento: pone a dialogar a quien investiga, a quien produce la semilla, a quien la siembra, a quien la regula y a quien representa gremialmente al productor. Las decisiones que hoy requiere el campo colombiano en materia de acceso a germoplasma, registro de variedades, protección de obtentores vegetales, sanidad y adopción tecnológica no se resuelven de manera aislada, sino en esta clase de diálogo técnico y multidisciplinario.

La participación de la Red Latinoamericana del Maíz amplía el horizonte del encuentro. Colombia no compite en el vacío: comparte retos climáticos, fitosanitarios y de mercado con toda la región. Conocer cómo otros países han elevado sus rendimientos en maíz, fortalecido sus sistemas semilleros y armonizado su regulación es una vía corta y eficiente para acelerar el aprendizaje propio.

Si el objetivo nacional es sustituir importaciones de maíz y otros granos, mirar la experiencia regional deja de ser un ejercicio académico y se convierte en una necesidad estratégica.

Eventos como el Congreso Nacional de Semillas construyen capacidad técnica, confianza entre actores y transferencia real de conocimiento. Formar a los estudiantes que serán los mejoradores y asistentes técnicos de la próxima década, actualizar a los profesionales que hoy acompañan al agricultor y acercar al productor a la tecnología disponible es, en el mediano plazo, tan determinante como cualquier instrumento de fomento.

Colombia tiene tierra, agua, luminosidad y ubicación geográfica para ser un exportador neto de alimentos. Lo que necesita es que cada hectárea rinda más, con mejor genética, mejor información y mayor articulación institucional.

Esa conversación se dará en Ibagué el 5 y 6 de noviembre. Y es una conversación a la que está invitado todo el sector agropecuario.

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