Ecopetrol y la demagogia ambiental de Petro: ¿Transición o retroceso?
Andrés Pachón
Abogado investigador, magíster en Derecho Público con experiencia en litigio estratégico. Medio ambiente, derechos y desarrollo. Twitter: @AndresPachonTor
¿La política antipetrolera del presidente Petro es demagogia ambiental o es la transición energética que Colombia necesita? ¿Qué repercusiones tiene en Ecopetrol?
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Ecopetrol: un orgullo nacional en crisis
Ecopetrol no es solo la empresa más valiosa de Colombia, es un símbolo de soberanía y trabajo arduo. Nacida del esfuerzo de trabajadores que lucharon para que el petróleo del país no quedara en manos extranjeras, hoy genera cerca de 90.000 empleos directos e indirectos, impulsando la economía y financiando una parte crucial de la inversión estatal.
Uno de los golpes más duros a Ecopetrol fue la privatización del 11% que hizo Uribe, sumado a negocios cuestionables como la compra de ISA durante el gobierno Duque. Sin embargo, el ataque más fuerte lo asesta hoy el Gobierno de Gustavo Petro, que, bajo la bandera de la descarbonización, frenó la celebración de nuevos contratos de exploración y explotación de petróleo y gas, reduciendo la producción y las reservas, el activo estratégico más importante de toda compañía petrolera.
Importar gas y petróleo: una medida que contamina más
Lejos de reducir la huella de carbono, esta decisión ha resultado contraproducente. Colombia sigue necesitando la misma cantidad de petróleo y gas —o incluso más—, pues la transición a energías limpias es un proceso largo y costoso, y nuestra economía sigue funcionando con estos combustibles. Al frenar la exploración local, el país ha perdido su autosuficiencia y ahora debe importar.
El gas que llega desde Estados Unidos genera más contaminación debido a los procesos de licuefacción, transporte y regasificación. Esto no solo incrementa las emisiones, sino que también encarece los costos para los hogares: en los últimos meses, las facturas de gas han subido entre un 25% y un 30%, aumentando el costo de vida y empujando a muchas familias a la pobreza energética, obligándolas a regresar a la leña o el queroseno, alternativas más contaminantes y perjudiciales para la salud.
La vuelta del bobo: gas importado desde Catar
Como si no fuera suficiente, la nueva «ideota» del Gobierno Petro es importar gas desde Catar, ubicado a más de 12.000 kilómetros de distancia. Esto implica atravesar Yemen, el Mar Mediterráneo y luego el Océano Atlántico, sumando costos y riesgos a la cadena de suministro, sin que Colombia cuente con la infraestructura necesaria para regasificar estas importaciones.
Y semejante esfuerzo para no reducir en nada los Gases Efecto Invernadero (GEI) que produce Colombia, ¡que también son mínimos!, pues nuestro país contribuye solamente con el 0,5% del CO2 del mundo. Se trata entonces, de una medida puramente simbólica y retórica, típica del presidente Petro.
El problema es que el discurso del presidente se convierte en hambre para los miles de desempleados del sector energético, en pobreza energética y golpe directo para la economía de las familias que usan gas, y en detrimento patrimonial por el desplome de Ecopetrol.
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La demagogia ambiental: confunde todo y no resuelve nada
La demagogia ambiental de Petro y su exministra Susana Muhamad termina afectando la lucha climática que dicen abanderar, restándole seriedad a un debate crucial que debe abordarse con rigor y datos, no con «poesía» populista, mariposas amarillas y Aurelianos de papel.
Además, desvía la presión sobre las grandes potencias económicas, principales responsables de la crisis climática, enviando el mensaje de que somos las economías emergentes quienes debemos sacrificarnos primero, a cambio de nada y con efectos inocuos.
Transición justa: el reto pendiente
La transición energética del gobierno Petro se quedó en anuncios. El desarrollo de energías alternativas está rezagado y no se proyecta como una estrategia para asegurar el autoabastecimiento y la soberanía energética, sino para reemplazar las fuentes convencionales. ¡Error!
Debemos avanzar hacia energías limpias, sin renunciar de inmediato a los hidrocarburos, en especial al gas natural, considerado por la Unión Europea y la Agencia Internacional de Energía como un combustible de transición por ser 40% menos contaminante que el carbón y 20% menos que la gasolina.
La política energética de Petro refleja su gobierno: demagogia ambiental, discursos sin resultados reales y graves consecuencias para Ecopetrol y la economía. Nuestra compañía pasa por uno de sus peores momentos, con una caída en la rentabilidad de sus activos, en sus ventas, y en el valor de sus acciones, mientras enfrenta un fuerte incremento en sus impuestos (36%), su nivel de endeudamiento (63%) y un daño reputacional significativo.
La crisis de Ecopetrol afecta no solo a los cerca de 90.000 empleados y 230.000 pequeños accionistas, sino a todos los colombianos, dueños de esta empresa.
Ecopetrol no es del presidente Petro, es de todos los colombianos. Es nuestro deber defenderla.