viernes, 12 de agosto de 2022
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El dólar está por las nubes: ¿Qué implicaciones tiene esto?

Sobre la abrupta revaluación del dólar, el pasado martes 21 de junio, conversamos con el economista Mauricio Salazar en búsqueda de algunas respuestas sobre las implicaciones que traen las alzas de esta moneda en la producción nacional, el comercio y el gasto en los hogares.

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Mauricio Salazar Sáenz es profesor de Economía de la Universidad Javeriana. Trabajó en el Banco de la República y el Banco Interamericano de Desarrollo –BID–. Ha sido, además, consultor para el BID y para el Banco Mundial.

La mañana de este martes inició con grandes movimientos en el precio del dólar. El tema ya había sido objeto de discusión y especulación para varios analistas, quienes habían pronosticado, desde la noche del pasado domingo, subidas monumentales.



El martes 21 de junio, la tasa representativa del mercado (TRM) pasó de $3.905 (Banco de la República) a $4.027 en promedio, y llegó a alcanzar topes de hasta $4.300 para la venta en algunas casas de cambio.

El tema, que ha causado conmoción en los principales medios de comunicación del país y hasta en las redes sociales, amerita ser mirado con detenimiento y tranquilidad.

De acuerdo con el economista Mauricio Salazar, en Colombia nadie controla, como tal, el precio del dólar. La oferta (interesados en vender dólares) y la demanda (interesados en comprar dólares) fijan el precio del dólar, como en la mayoría de las economías.

Salazar acude al mercado de la papa para retratar la tensión entre estas dos fuerzas: a una plaza de mercado llegan personas con su cosecha de papa y otras interesadas en comprar el producto, de manera que se pacta el precio de acuerdo con la cantidad de bultos que llegaron y con la cantidad de consumidores que la requieren. En el caso de abundancia de papa, es decir, cuando la oferta es mucho mayor a la demanda, el precio cae. De igual forma sucede con el dólar: si muchos dólares están llegando a la economía nacional, su precio caerá. Lo contrario, también es cierto. Si pocos dólares entran a una economía el precio del dólar subirá.

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“En un mercado como el de la papa, puede haber fluctuaciones de corto plazo: hoy no llegó un camión o venía llegando pero se varó, razón por la cual llegó menos papa. Así mismo, puede haber fluctuaciones de corto plazo en el precio del dólar. Es por esto que en Colombia el Banco de la República tiene reglas para intervenir el mercado de dólares, para evitar fuertes fluctuaciones de muy corto plazo y evitar que un día suba o baje el precio del dólar de forma muy abrupta. Sin embargo, las intervenciones de Banco de la República no logran cambiar la tendencia de mediano o largo plazo. Solo buscan que los movimientos no sean tan abruptos: la tendencia de la tasa de cambio se puede entender como el movimiento descendente o ascendente de un avión y las intervenciones pueden ser entendidas como las maniobras del piloto para evitar turbulencias”. Pese a que el Banco de la República no tiene un mandato para controlar la tasa de cambio, sí tiene un mandato para controlar la inflación. Por ende, debe controlar las fluctuaciones de muy corto plazo, con el objetivo de evitar que se mueva demasiado el precio, incluso más allá de los fundamentales.

En este caso, se entiende por los fundamentales como la cantidad neta de dólares que una economía obtiene por su balance entre exportaciones e importaciones y la cantidad o el nivel de deuda que tiene un país en el mercado externo y “qué tanta estabilidad y credibilidad fiscal tiene un gobierno. Si se prevé que un país está gastando mucho más de lo que puede recaudar, se esperaría que ese país tenga problemas económicos a futuro, y eso hace que los inversionistas se vayan, buscando mercados más estables. Entonces, el Banco de la República interviene el mercado cambiario si las fluctuaciones van más allá de lo que llamamos los fundamentales: eventualmente muchas turbulencias pueden cambiar el rumbo del avión y afectar la inflación”.

Como sucede con otros mercados, los cambios en el mercado cambiario generan consigo ganadores y perdedores. ¿Quiénes ganan? Ganan los exportadores, que recibirán más pesos colombianos por el mismo producto vendido en el mercado internacional. ¿Quiénes pierden? Pierden los importadores con la devaluación de la moneda porque, a diferencia del caso anterior, serán necesarios más pesos para obtener el mismo producto.

En lo referente a la deuda externa, Colombia se encuentra en una dualidad. Por un lado, la devaluación hace que el valor de las deudas en dólares que tiene el país aumente y, dependiendo del nivel de la devaluación, la estabilidad fiscal cambie completamente a mediano plazo. Por el otro, el gobierno nacional es un gran accionista de Ecopetrol que, al jugar como exportador de petróleo, puede ganar con los mayores ingresos que obtiene con la venta de este líquido aceitoso. “Si el gobierno es un ganador neto o no, en medio de una devaluación, dependerá de la posición en la que se encuentre, en cuanto a cuál es la exposición de deuda que tiene en dólares, cuánta participación tiene Ecopetrol y qué tanto está aumentando el precio del dólar, en pesos, en el mercado internacional”.

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A largo plazo, una devaluación sostenida puede traer muchas dificultades en el momento de adquirir bienes de capital, y en general tecnologías. “Vivimos en una era en la que el mundo se transforma a una velocidad muy rápida. Si es más costoso comprar tecnologías que transformen mejor los bienes y servicios, va a haber mayores barreras para la tecnificación y para cerrar las brechas en términos de productividad que Colombia tiene hoy en día”.

Así las cosas, se hace necesaria una cierta estabilidad en la tasa de cambio. “Por supuesto, estamos en un mundo de apertura económica en el cual se compran insumos a varios países, así como Colombia le vende a otros. Movimientos fuertes de la tasa de cambio pueden hacer que los contratos de compras y ventas no sean estables”, explica Salazar.

Por ejemplo, si un productor cafetero exporta café en un momento de gran devaluación, no podrá saber con precisión cuántos pesos va a recibir y si su negocio va a ser rentable. “Si no sé cuánto dinero va a llegar, no sabré cuánto dinero voy a tener para pagar a mis trabajadores o para pagar impuestos. La estabilidad en la tasa de cambio es una condición bastante fuerte para que los empresarios del sector privado, el agro y la industria sepan exactamente qué perspectivas tendrán, por lo que podrán o no hacer contratos tanto de corto como de largo plazo en compra y venta de bienes y servicios y de tecnologías. En momentos de mucha volatilidad cambiaria, el nerviosismo aumenta, y esto puede afectar completamente la capacidad productiva de un país en el largo plazo”.

En tiempos como los que vive el mundo en la actualidad, el fortalecimiento o la devaluación de la moneda nacional es de gran relevancia en la economía. En un contexto de pospandemia, a los impactos de la crisis de la cadena de suministros –causado por el cierre de las fronteras, la escasez en los suministros importados y el efecto del aumento en los precios de los bienes y servicios, entre otros factores– se suma la inflación a nivel mundial por la guerra en el este de Europa. Por el lado de Rusia, las sanciones impuestas han empujado al alza los precios mundiales de los hidrocarburos. Por el lado de Ucrania, estamos viviendo los efectos de una menor oferta mundial de cereales e insumos agrícolas, por ser este país productor clave en el mercado.

Ante este contexto global, las acciones del siguiente gobierno en relación con el gasto fiscal y el manejo de las finanzas van a ser fundamentales para que los sectores productivos del país puedan tomar decisiones de la mejor forma posible: la credibilidad que demuestre para tener tasa de cambio estable y para evitar caer en un círculo vicioso de devaluación e inflación afectarán considerablemente las variables macroeconómicas y las perspectivas de bienestar que estas implican para la población, señala Salazar.

Finalmente, el economista explica que, en “un país con devaluación e inflación (sostenida) en el tiempo, su deuda se hará impagable y la solución (natural) será negociarla a más largos plazos, que se traducen en el pago de más intereses en el tiempo”. Lo deseable es evitar llegar a esta situación, “en la que la deuda externa sea de cierta forma impagable en el corto plazo. Evidentemente, un gobierno lo que puede hacer es cambiar el portafolio de deuda pública, no a dólares sino a pesos en un ambiente de devaluación. Un movimiento abrupto de la tasa de cambio va a hacer que el país quede más expuesto en dólares y tenga que destinar más de su recaudo tributario para pagos de la deuda”.

En un ambiente de apertura y libre comercio, Colombia se ha vuelto vulnerable a las variaciones de la economía mundial. La abundancia de dólares durante la pandemia, producto de la emisión de dólares y euros, fue un determinante de la inflación mundial y de la revaluación del peso. Ahora, el aumento de las tasas de interés en los países de mayores ingresos está precipitando la devaluación del mismo.

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