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lunes, 2 de marzo de 2026
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El problema no es el TLC sino volver competitiva la industria colombiana: César Ferrari

Para César Ferrari, los malos resultados del TLC con Estados Unidos no son consecuencia del tratado mismo sino de descuidar la competitividad de la industria nacional.
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César Ferrari, ciudadano italiano y peruano, nacido en Lima, es economista (Ph.D) y profesor titular del departamento de Economía de la Pontificia Universidad Javeriana desde hace 23 años. Fue Gerente General del Banco Central de Perú y Director Técnico de Planeación del Perú. 

En su opinión, ¿vale la pena tener un TLC con Estados Unidos?

El Tratado de Libre Comercio abrió una puerta al mercado de Estados Unidos para que los productos colombianos pudieran entrar, pero no garantizó que se pudieran vender en ese mercado. Un tratado comercial no garantiza eso, como tampoco garantiza que el valor de las exportaciones entre países con un acuerdo comercial sea más alto, porque eso depende de muchas cosas que no son en blanco y negro. En todo caso, en principio, un aumento del comercio, y de las instituciones que lo facilitan, siempre incrementa el bienestar. 


En principio, la reducción arancelaria permite a los exportadores vender más caro y es favorable. Pero si estamos hablando de un producto sujeto a los precios internacionales, como el petróleo o el carbón colombiano, que sigue siendo el producto con mayor participación en las exportaciones a Estados Unidos, cuando el precio internacional de este se cae a la mitad, el valor de las exportaciones cae a la mitad. Esa puede ser una de las razones por las cuales, en diez años, estamos viendo una caída tan fuerte del valor de las exportaciones a los Estados Unidos. Por otro lado, puede ser que los otros productos colombianos no sean lo suficientemente competitivos y no tengan compradores, a pesar de tener la puerta abierta, o que se esté produciendo menos, o que simplemente se esté exportando menos a Estados Unidos, pero más a otros países.

Ahora, el Tratado de Comercio paradigmático ha sido el de los países de la Unión Europea. Es muy claro que, luego de la unión comercial, estos países experimentaron un crecimiento muy grande en su comercio, producción e ingreso. Primero fue el acuerdo del carbón y el acero, luego vino la integración comercial de las cuatro libertades (bienes, servicios, capitales y mano de obra), lo cual aceleró el crecimiento comercial y el desarrollo. Posteriormente, se dieron cuenta de que una unión monetaria los favorecería y optaron por el Euro como moneda común. Entonces, los TLC sí valen la pena, pero hay ciertas condiciones que los hacen favorables o no. 

¿Pero si los TLC tienen sentido y favorecen el crecimiento y el desarrollo, por qué a Colombia le pasa lo contrario?

Pueden ser muchas razones, pero una de esas puede ser, simplemente, que no somos lo suficientemente competitivos como para entrar a ese mercado por más que la puerta esté abierta. Por ejemplo, mientras un productor colombiano puede vender sus camisetas en Nueva York, digamos, a 2 dólares la unidad, los chinos las pueden vender a 80 centavos de dólar en el mismo material. Esto se debe a que, por más que el exportador colombiano se beneficie de no pagar una tasa arancelaria, digamos del 15%, gracias al TLC, nunca va a poder competir con su camiseta de 2 dólares, y no puede bajar su precio porque sus costos de producción no se lo permiten. 

Pasa algo similar, en el caso contrario. Mientras que los peruanos pueden darse el lujo de vender sus camisetas de algodón en 8 dólares en Nueva York, porque las fabrican a partir de fibras largas de algodón pima, que son de muy buena calidad y tienen un precio premium, los colombianos no pueden hacerlo porque usan algodón de fibra corta que es, digamos, una especie de algodón barato. 

César Ferrari
César Ferrari, economista y profesor titular del departamento de Economía de la Pontificia Universidad Javeriana

Pero, ¿no se ha dicho que Colombia es fuerte en confecciones y que estas son de buena calidad?

En años pasados, Colombia fue fuerte en textiles. En aquel tiempo inundaba, por ejemplo, los mercados del Perú, y eso fue posible porque los peruanos apenas comenzaban a desarrollar su industria textil y de confecciones. Pero cuando Perú logró producir su propio algodón de fibra larga y de mejor calidad que el colombiano de fibra corta, lo desplazó y, por alguna razón, hasta hoy Colombia no ha producido este tipo de fibra. El Perú, además, ha desarrollado tejidos con fibras de alpaca y de vicuña, expandiendo sus confecciones a partir de estos tejidos que, por ser de muy alta calidad, se venden en el mercado exterior en productos terminados que rondan, digamos, los 100 dólares. 


Lo que trato de decir es que Colombia debe pensar en confecciones y manufacturas que, para ser exitosas en los mercados internacionales, sean suficientemente competitivas. Lograr eso es complejo. 

¿Cuáles han sido las principales barreras para ser un país competitivo?

En primer lugar, valga aclarar que los países no son los que compiten en los mercados internacionales con sus exportaciones, o en los propios contra las importaciones; los que compiten son las empresas con sus productos. Ahora bien, si en Colombia un exportador quiere sacar sus productos por los puertos de Buenaventura o de Cartagena, debe pagar, entre muchas cosas, altos costos de transporte porque el costo de los peajes es muy alto en el país. Esto encarece el producto que se exporta y es una de las razones que le impide ser competitivo en el exterior. 

Y, ¿por qué son tan caros los peajes en Colombia? Porque en Colombia los niveles de tributación son muy bajos como porcentaje del PIB [Producto Interno Bruto], muy por debajo de los niveles de los países de la OCDE o incluso de los latinoamericanos. Entonces, el Estado no tiene el dinero suficiente para invertir en carreteras. En consecuencia, la solución que se han inventado son las alianzas público-privadas. Pero para que estas alianzas existan deben garantizar un buen rendimiento al inversionista privado, porque de otra manera no invierten en esas carreteras. Así, las carreteas se vuelven muy costosas y por eso los peajes, que son la manera de recobrar lo invertido y hacer utilidades, son tan caros. 

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El problema adicional en este punto es que como esos recursos se destinan, por ejemplo, a desarrollar carreteras con garantía de rentabilidad, y los recursos son finitos, esa plata no se invierte en otras cosas como fábricas industriales, entonces no se pueden desarrollar ni transformar los productos agropecuarios e industriales que el país necesita para aumentar sus exportaciones y competir con importaciones.

¿Qué otras razones hay?

Hay otras razones, tal vez más importantes, que explican por qué no se da una suficiente competitividad. Por ejemplo, los costos financieros. Los elevados costos financieros para los productores en Colombia, causados por un mercado financiero que resulta ineficiente, les cobra en una tarjeta de crédito, digamos, una tasa de interés de 30%. Mientras tanto, en Estados Unidos, por decir algo, las tarjetas de crédito cobran tasas del 10%. Entonces, ¿cómo compite un pequeño productor que se financia con su tarjeta de crédito? ¿O cómo compite un pequeño productor que piensa financiarse con un microcrédito en el que le cobran una tasa de interés que puede llegar a 50% si se le incluyen los gastos administrativos que los bancos están autorizados a cobrar en los microcréditos? No tiene ninguna posibilidad de competir, porque los costos financieros son demasiado elevados.

En general los costos financieros son muy caros en Colombia por las condiciones en que opera el sector financiero. Según estudios del Banco de la República, en general, este sector opera en competencia monopolística, es decir como un oligopolio, y en algunos mercados de crédito funciona casi como un cartel. No lo digo yo, lo dice el Banco de la República. 

Ante esta situación, lo que hacen las grandes empresas para financiarse, aquellas que tienen acceso a los mercados de crédito internacionales, es justamente buscar en el exterior un crédito con mejores tasas que las que dan los bancos en Colombia. Entonces, se financian por fuera y traen dólares al país. Al entrar dólares al país, aumentan la oferta de dólares en el mercado y, así, revalúan la tasa de cambio. Con esto perjudican a los exportadores pues estos ganan menos pesos por cada dólar que reciben por sus exportaciones y, además, abaratan las importaciones que compiten con la producción doméstica. Y, como muchos de ellos [los exportadores] no tienen acceso a los mercados internacionales de financiación, deben pagar tasas de interés altas en Colombia. Mejor dicho, los productores colombianos acaban con una tasa de cambio revaluada y, la gran mayoría, con costos financieros por encima de los internacionales. Entonces, tenemos un Tratado de Libre Comercio que no se puede aprovechar porque la competitividad es insuficiente o nula. 


¿Esta situación ocurre con todos los productos/sectores?

No necesariamente. Hay productos que escapan a esa situación porque son de nicho, como las flores, y en ese caso el nicho funciona porque muy pocos países producen flores en el vecindario. Además, en EE.UU. y Europa las flores no se producen todo el año porque hay estaciones y producirlas en épocas de frío e invierno es muy costoso. Entonces, ese nicho se ha mantenido y es provechoso para el país. Pero ¿qué pasa con los demás productos? Tenemos que ver cómo lograr que esa competitividad alcance a muchos más productos y eso tiene que ver con lograr una tasa de cambio elevada pero estable, una tasa de interés reducida y, por cierto, también con precios de servicios públicos a nivel internacional (que son por cierto administrados estatalmente), y con peajes más baratos, que fue por donde empezamos.

Puede ser que el país exporte puertas y ventanas; me parece chévere, pero me pregunto, ¿qué posibilidad de largo plazo hay para ese sector si en Colombia no existe una industria maderera potente? La madera para esas puertas y ventanas seguramente se importa. Pero eso es insostenible si desaparece la fuente con un buen precio. Lo que habría que lograr es una industria maderera potente en Colombia y también desarrollar técnicas de reforestación que impidan los problemas ambientales que se generan al hacerlo de forma inadecuada. Pero todo ello es una cuestión de precios y rentabilidades que atraiga la inversión hacia ese sector. 

En consecuencia, los resultados que juzgamos desfavorables del TLC con EE.UU. no deberían dar lugar a su renegociación completa; tal vez en algunos temas específicos pequeños, pero no en los sustanciales. Lo que hay que hacer es volver competitiva y rentable la industria colombiana, y reinvertir la gran mayoría de las utilidades en las mismas empresas para que estas crezcan aceleradamente. Para esto es el impuesto a los dividendos, que debería tener una tasa mucho más elevada que la actual para propiciar esa situación. 

Los acuerdos de libre comercio son tan positivos que China, Corea, Japón, Nueva Zelanda, Australia y los otros países del Asean (Asociación de Países del Sudeste Asiático) —estamos hablando de 15 países, los más importantes de Asia y Oceanía— firmaron en noviembre de 2020 el mayor acuerdo de libre comercio del mundo: 2.100 millones de consumidores, el 30% de la población y del PIB mundial y fue promovido por China desde el 2012. 

Lo promovió China, que es el país con mayor capacidad productiva de todos los países que hacen parte del nuevo acuerdo. ¿Puede decirse que los TLC tienden a beneficiar más a los países más fuertes que a los más débiles en términos económicos?

No necesariamente. El resultado depende siempre del nivel de competitividad que alcanzan los productores en cada país. ¿A quién benefició más, a la Unión Europea, a España o a Alemania? Es claro que, si no hubiera sido por la integración europea, España o Portugal continuarían muy rezagados respecto al resto de Europa. Si benefició más a Alemania o a España, en ese caso la pregunta es retórica. 

Claro que hay otras cuestiones que son relevantes. Por ejemplo, si la integración comercial lleva a una unión monetaria, como en el caso de Europa, en esta unión monetaria la tasa de cambio frente a otras monedas siempre la va a definir el país con los mayores flujos de exportaciones, importaciones y capitales, en este caso Alemania. Por lo tanto, va a ser compatible con su productividad. Y como esta es mayor que la de Grecia, por ejemplo, la tasa de cambio le va a convenir a Alemania y no a Grecia. Para esos son los fondos de compensación que tiene la Unión Europea, que se financian con los impuestos de los más ricos, para aumentar la productividad de los países con menor productividad, es decir, para financiar carreteras o incluso la educación superior en Grecia, para seguir con el ejemplo, para que no se quede atrás. 

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Lo anterior es relevante para todos los países que tienen regiones muy atrasadas como es el caso de Colombia. Miremos el caso del Chocó frente a Bogotá; es lo mismo. Colombia es una unión monetaria, con una misma tasa de cambio para todo el país y esas regiones tienen productividades muy distintas. Mejor dicho, la tasa de cambio nacional le sirve a Bogotá, pero no le sirve al Chocó. Así, Choco nunca se va a poder desarrollar porque nunca va a ser atractivo para la inversión. En otras palabras, a menos que se dé una fuerte inversión estatal en infraestructura y educación en el Chocó para aumentar su productividad, esa región siempre se quedará atrasada. Creo que para eso deben ser las regalías.       


¿Cuál es su lectura de las barreras fitosanitarias?

Los certificados fitosanitarios no son barreras al comercio exterior; son sencillamente una garantía fitosanitaria que Estados Unidos exige con toda razón para proteger sus cultivos. No van a permitir, por ejemplo, que la mosca de la fruta les arruine su producción. Ahora, ¿por qué nosotros no logramos más certificados fitosanitarios? Si no lo hace el Estado no lo hace nadie, porque una plaga de esas no se acaba porque alguien decida eliminarla de su propia finca, sino que eso debe ser un asunto de todas las fincas productoras. Es decir, el Estado tiene que desarrollar unos servicios de extensión rural importantes.

Entonces, uno podría preguntarse, cómo logró Colombia exportar café desde hace tanto tiempo. Sencillo, fue posible porque hace 40 o 50 años se resolvieron los problemas fitosanitarios, y cuando aparecieron brotes de roya inmediatamente los pararon en seco. Acá lo que falta es lograr esos certificados para exportar muchas frutas y hortalizas y sus derivados: jugos, mermeladas, compotas, etc. y, sobre todo, hacerlas competitivas, es decir, rentables. Lo está haciendo Perú; se ha convertido en el mayor productor y exportador mundial de uvas de mesa o brócoli, por ejemplo. 

Pero esto no sucede en Colombia porque no hay inversiones en estos sectores porque los recursos más importantes se destinan en otras cosas. Por ejemplo, en petróleo o carbón. Entonces, hay un problema de asignación de recursos. Es necesario construir una industria potente, pero eso toma recursos y tiempo y hay que hacer muchos esfuerzos, pero no se va a lograr si se sigue invirtiendo en lo mismo y no se hacen competitivos esos otros sectores. 

¿Cómo se subsana el déficit acumulado que ha dejado la balanza comercial con Estados Unidos desde 2014?

La balanza de pagos está compuesta por la balanza comercial —que incluye las exportaciones menos las importaciones de bienes y servicios— y por la balanza de capitales —que incluye los créditos externos y las inversiones extranjeras—. Cuando se produce un déficit en la balanza comercial porque las importaciones superan las exportaciones, como le sucede a Colombia, la balanza de capitales lo financia, pues de lo contrario se genera una devaluación más o menos gigante, dependiendo del faltante. 

Pese a lo anterior, a los colombianos los han convencido de que la inversión extranjera directa es una panacea porque resuelve el problema del déficit de la balanza comercial. Hagamos un poco de cifras para ilustrar lo que trato de decir. Si, por ejemplo, importamos 70 mil millones de dólares, pero exportamos solo 50 mil, quiere decir que se produjo un déficit de 20 mil millones. En ese caso, la inversión extranjera o los créditos externos financian ese faltante, entonces llegan al país esos 20 mil millones de dólares. Pero, ¿en qué se invierten? Se invierten en petróleo o carbón, y no en desarrollar otras cosas. Lo problemático es que esos sectores son intensivos en capital y generan, por lo tanto, poco empleo directo e indirecto. 

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Además, esa inversión extranjera genera deuda futura porque a la inversión extranjera se le deben reconocer las utilidades. Entonces, las utilidades que genera el país por el petróleo o carbón, que deberían irse al ahorro para inversión nacional, se reducen en esos montos. Esto pasa porque, por obvias razones, la empresa extranjera pide su retorno o hay que pagar los créditos, entonces ese dinero acaba volviendo a salir. 

¿Qué se debe hacer entonces?

Lo que hay que hacer es equilibrar la balanza comercial para no depender de la balanza de capitales y generar ahorro en las cuentas internas para no depender tampoco de los recursos externos. Pero eso es más complicado aún porque en Colombia hay muy poco ahorro en la economía, porque la mayor parte de los recursos que produce el PIB se van al consumo. 


Las cifras del Banco Mundial reportan que, en 2019, el 84% del PIB colombiano se destinó al consumo, lo cual quiere decir que solo se ahorraba el 16% por ciento del PIB. Ese ahorro se va a inversión, y esta inversión es aumentada por la inversión extranjera. Así, la inversión como porcentaje del PIB en Colombia llegó a 22%. Esas cifras palidecen con las cifras de inversión que logran, por ejemplo, los chinos, de 44% del PIB. Por eso ellos crecen tanto y nosotros tan poco. Y la historia china se repite si miramos a Corea del Sur. Mientras tanto, nosotros tenemos niveles de consumo muy elevados como porcentajes del PIB.

¿En un país donde una gran proporción de la población no consume las tres comidas diarias?

Hay un desequilibrio en el ingreso de la gente en Colombia. Unos ganan muy poquito y otros ganan mucho, y estamos hablando de promedios. En el caso de las personas que ganan muy poco, consumen todo el ingreso, el cual ni les alcanza para las tres comidas diarias. Entonces, tienen un ahorro cero o incluso negativo si se endeudan. Y en el caso de las que ganan mucho dinero, aunque pueden consumir una menor proporción de su ingreso y ahorrar, no lo hacen, porque van, por decir, hasta tres veces al año a París.

El ahorro es un aspecto muy importante en el crecimiento de una economía. Fundamentalmente se divide en tres: el ahorro de las familias, el ahorro de las empresas y el ahorro del Gobierno. ¿Cuál es el ahorro de las empresas? Las utilidades, pero las empresas en Colombia son tan chiquitas que generan muy pocas utilidades, entonces el ahorro es reducido y, encima, las pocas utilidades que quedan se las reparten entre los accionistas, que se dedican a viajar en vez de reinvertirlas en la empresa. Entonces, las empresas consumen sus utilidades y, cuando esto pasa, no hay con qué invertir. Y si no hay inversión, no hay expansión de la capacidad de producción ni, por lo tanto, crecimiento. 

¿Cómo puede ahorrar el Gobierno?

El Gobierno tiene tantas necesidades que no alcanzan los ahorros. Este ahorro surge de la diferencia entre ingreso corriente (impuestos) menos el gasto corriente. El gasto corriente más la inversión pública hacen el gasto total. Ahora, lo que pasa es que en Colombia en épocas que pudiéramos llamar normales, antes de la pandemia, los impuestos representaban el 19% del PIB y el gasto estaba en 22%. La diferencia es el déficit, que debe ser financiado. Entonces, el Gobierno invierte muy poco porque tiene muy pocos ingresos. Por eso hay carreteras deficientes y subsidios muy reducidos. Por eso en Colombia no se hace un túnel completo sino medio túnel, porque al Gobierno no le alcanza la plata. 

En el país se recauda muy poco y eso se debe a que las personas de mayores ingresos pagan muy pocos impuestos. Como decía, mientras la media tributaria en la OCDE es de 33% del PIB, y en Latinoamérica es del 23%, en Colombia es del 19% del PIB. Y no miremos el caso de los otros países latinoamericanos porque los resultados son mediocres. Hay que compararse con los mejores. Dinamarca es un país desarrollado. También, según la OCDE, allá la estructura tributaria funciona así: considerando solo los impuestos principales, las personas naturales aportan el 52% de la recaudación tributaria, las empresas el 7% y el impuesto al consumo el 30%. Mientras tanto, en Colombia, también considerando solo los impuestos principales, la estructura tributaria es al contrario: la recaudación de las personas naturales representa el 6% de los ingresos tributarios, los impuestos que pagan las empresas representan el 25% y el 43% se obtiene de los impuestos al consumo o IVA. 

En consecuencia, los ingresos tributarios en Dinamarca son del 46% del PIB, mientras que en Colombia son 19% del PIB. Por eso aquí no hay suficientes carreteras, por eso los peajes son tan costosos. Por eso, entre otras razones, los productores no pueden exportar, y por eso muchas veces no pueden competir en el mercado interno con las importaciones. Casi todo parece estar al revés. No es un problema económico, es un problema que debe resolverse políticamente. 

En resumen, no hay que echarle la culpa ni al TLC ni a los Estados Unidos. Hay que resolver el problema tributario, la insuficiencia de ahorro e inversión, y, sobre todo, el problema de la insuficiente competitividad de las empresas. Hay que hacerlas competitivas para que aprovechen el TLC, sean prósperas y crezcan. 


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