Exportaciones de flores de Colombia: “Es una carrera contra el tiempo y cualquier falla se paga caro”, advierte Manuela Aduanera
Las exportaciones de flores de Colombia no dependen solo de la demanda internacional. Su éxito se juega, literalmente, contra el reloj. Cada tallo debe salir de la finca, cruzar aduanas, mantener la cadena de frío y llegar a destino en condiciones óptimas en menos de 48 horas. En fechas como San Valentín, cuando se concentra cerca del 20% del volumen anual exportado, cualquier falla logística se traduce en pérdidas millonarias.
En entrevista con Más Colombia, Manuela Aduanera explicó cómo funciona el proceso completo de las exportaciones de flores de Colombia (desde la finca hasta el importador final) y por qué la ineficiencia institucional sigue siendo uno de los mayores riesgos para el sector.
Con más de nueve años de experiencia en comercio exterior, aduanas y tributación internacional, Manuela Aduanera advierte que Colombia compite con un sistema logístico frágil, excesivamente manual y poco coordinado entre entidades, a pesar de ser uno de los mayores exportadores de flores del mundo.
Un sector clave para las exportaciones no minero-energéticas
Entre enero y noviembre de 2025, las exportaciones de flores de Colombia alcanzaron 317.000 toneladas de flores frescas hacia cerca de 100 mercados internacionales, por un valor superior a US$2.200 millones, consolidándose como uno de los principales generadores de divisas no minero-energéticas del país. Cerca del 95% de la producción se destina a mercados externos, con Estados Unidos como principal destino.
La floricultura genera alrededor de 240.000 empleos formales, de los cuales cerca del 60% son ocupados por mujeres, muchas de ellas madres cabeza de familia. Durante la temporada alta se vinculan más de 20.000 trabajadores temporales adicionales en labores de cultivo, poscosecha y logística.

¿Cuánto tarda realmente exportar una flor colombiana?
Según explica Manuela Aduanera, el proceso logístico es extremadamente sensible al tiempo y a la temperatura. “Desde que la flor sale de la finca hasta que llega a Miami no debería pasar más de dos días. Si se rompe la cadena de frío en cualquier punto, la flor madura antes de tiempo y se pierde”, señala.
El proceso inicia en la finca con la poscosecha, clasificación, hidratación, empaque y pre-enfriamiento. Ese mismo día la carga debe trasladarse al aeropuerto para evitar cualquier alteración térmica. En El Dorado, las flores se consolidan en palets aéreos (ULD) adaptados a la forma del avión, con despachos de hasta 50 toneladas por vuelo.
Al llegar a Miami (principal hub logístico), la carga pasa a cuartos fríos y luego a revisión de la CBP, la aduana estadounidense. Si no se detectan plagas, el proceso completo hasta la salida al importador final puede tardar menos de siete horas.
Certificados, plagas y trazabilidad: el filtro técnico
Las exportaciones de flores de Colombia están sujetas a estrictos requisitos fitosanitarios. Cada envío debe contar con certificado del Instituto Colombiano Agropecuario, que garantice que el producto está libre de plagas.
Manuela Aduanera advierte que los exportadores deben conocer en detalle las reglas del país de destino: “Cada autoridad aduanera tiene listados específicos de plagas permitidas y no permitidas. La trazabilidad por finca, variedad y lote es clave para evitar rechazos en destino”. Un hallazgo fitosanitario puede implicar retención, análisis de laboratorio o incluso la destrucción de la carga, con pérdidas totales para el exportador.

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El verdadero cuello de botella: la logística interna
Aunque la operación aérea internacional es altamente eficiente, el principal problema está antes de llegar al avión. Para Manuela Aduanera, la logística interna es el gran lastre de la competitividad.
De acuerdo con Manuela Aduanera, Colombia depende críticamente del transporte terrestre. “No tenemos conexión férrea ni fluvial suficiente. Eso nos hace ineficientes y costosos”.
A esto se suman carreteras inseguras, sobrecostos en combustibles y demoras operativas. Incluso cuando aerolíneas y operadores logísticos trabajan 24/7, otras entidades no lo hacen. “De nada sirve que la aerolínea opere todo el día si la DIAN o el ICA no trabajan 24/7. Ahí se frena toda la operación”, explica.
Dólar bajo, costos altos y márgenes presionados
El contexto macroeconómico tampoco juega a favor. La revaluación del peso reduce los ingresos en pesos de un negocio que vende casi exclusivamente en dólares, mientras los costos internos (salarios, transporte, energía) siguen al alza.
A esto se suman los costos del flete aéreo, almacenamientos refrigerados, paletización, inspecciones, agencias de aduanas y seguros. “Todo suma”, advierte la experta, y cada finca enfrenta una estructura de costos distinta.

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Contratos y aliados: la diferencia entre ganar o perder
Más allá de la logística, Manuela Aduanera insiste en la importancia de los contratos: “El exportador debe tener un contrato claro con su cliente en destino: quién recoge la carga, cómo se paga, qué pasa si hay retrasos o rechazos”.
También recomienda trabajar con operadores logísticos y aerolíneas con experiencia comprobada, capaces de garantizar trazabilidad completa y control de la cadena de frío de inicio a fin.
Un liderazgo que exige reformas estructurales
Las exportaciones de flores de Colombia confirman el liderazgo del país en el mercado global, especialmente en fechas clave como San Valentín. Pero también dejan en evidencia una paradoja: el éxito del sector se sostiene más por la experiencia privada que por un sistema logístico moderno y articulado.
Mientras destinos como Estados Unidos operan con sistemas automatizados, Colombia sigue dependiendo de procesos manuales, múltiples filtros de seguridad y una institucionalidad que no siempre responde a la velocidad que exige el comercio internacional.
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