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miércoles, 22 de abril de 2026
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La Bogotá de la furia

Victoria E. González M., Columnista, Más Colombia

Victoria E. González M.

Comunicadora social y periodista de la Universidad Externado de Colombia y PhD en Ciencias Sociales del Instituto de Desarrollo Económico y Social (IDES) de la ciudad de Buenos Aires. Decana de la Facultad de Comunicación Social – Periodismo.

Los que vivimos en Bogotá o hemos permanecido la mayor parte de nuestra vida en ella sabemos que es una ciudad hostil y, por momentos, despiadada. Quizá contribuye a esta creencia el hecho de que es un lugar con un clima inclemente y variable que no arropa a nadie. Como toda capital, Bogotá tiene los problemas de las ciudades grandes: contaminación, trancones, inseguridad, indiferencia; pero también tiene las cosas positivas de una metrópoli, tales como grandes oportunidades de trabajo que no se ven en otros lugares.

En los últimos tiempos Bogotá se ha convertido en una verdadera pesadilla para muchos de sus habitantes. La ineficiencia en el sistema de transporte y la inseguridad son quizá los dos problemas que más preocupan. Sobre el primer punto, mucho se ha dicho acerca de la falta de vías, la falta de un metro, la defensa de todos los mandatarios locales a sistemas de transporte obsoletos y contaminantes, en fin, un largo etcétera. Sobre el segundo punto, además del asalto callejero consuetudinario del que tantos hemos sido víctimas, del fleteo, del robo de un celular y de la bicicleta o del llamado “cosquilleo” con el que nos damos por bien servidos porque no nos obliga a enfrentar a nuestros agresores, se han empezado a sumar otras acciones delictivas que bien podrían calificarse de tenebrosas y que lo único que muestran con certeza es la degradación de una ciudad cada vez más impía.


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Como en una película de terror, a lo largo de varios meses han aparecido en varias localidades bolsas con cuerpos desmembrados, acompañadas de letreros explicativos en los que se pretende justificar que fueron asesinados porque hacían parte de grupos criminales. Gracias a los operativos policiales, que muchas veces se realizan por la presión mediática y ciudadana, nos hemos venido enterando poco a poco que grandes zonas de la ciudad están tomadas por bandas de extranjeros que se enfrentan por microtráfico, entre otros tantos motivos, y que son sus miembros los responsables de esparcir las macabras bolsas. Y es justo aquí, en este punto, que emergen las preguntas más recurrentes entre aquellos que cada día vemos más restringida la movilidad por el temor a ser víctimas de la inseguridad: ¿cómo hemos llegado a esta situación? ¿Por qué no vemos un horizonte claro de solución? ¿Por qué seguimos refundidos en galimatías sobre si la inseguridad es una percepción o una realidad, como si esto fuera lo verdaderamente importante? ¿Por qué la alcaldesa Claudia López sigue repartiendo culpas a la prensa, a los jueces y a la ciudadanía en lugar de buscar caminos que nos lleven a dar verdaderas soluciones a los problemas?

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