La ecología de pantalla: Periodismo de opinión o ligereza ambiental: el dilema de las celebridades al aire
Fernando García Rubio
Director ejecutivo de Confecaucho y Cenicaucho.
En la era del alcance masivo, encender una cámara o ponerse al frente de un micrófono matutino en un programa de amplia cobertura otorga un poder inmenso. Sin embargo, con ese poder se parece haber olvidado el deber elemental de verificar. Últimamente hemos sido testigos de cómo algunas figuras de la televisión y las redes sociales juzgan, sentencian y destruyen sectores productivos desde una tribuna de corrección política, amparadas en un activismo de pantalla que poco o nada indaga en la realidad y si sataniza productos y procesos lejos de su verdadera realidad.
El caso del globo de fiesta en Colombia es un retrato claro de esta ligereza mediática. Se habla con liviandad equiparando este producto con los plásticos de un solo uso derivados del petróleo, sin tomarse el trabajo de averiguar de dónde viene, cómo se fabrica ni cuál es su ciclo de vida y se le trata como el peor elemento que una persona pueda usar. Lo peor de la situación es que esos mismos artistas son felices comprando zapatos con suelas de zapatos de marcas exclusivas que si traen sus materias primas de china con origen en hidrocarburos que están acabando con la industria colombiana de suelas en caucho natural y nadie hace nada.
Detrás de ese globo que algunos descalifican al aire no hay una petroquímica contaminante. Hay un insumo de origen 100 % vegetal: látex natural extraído mediante el rayado sostenible de árboles de caucho natural (Hevea brasiliensis), sin talarlos. A diferencia de los sintéticos, el globo de látex no necesita enterrarse en un relleno sanitario para desaparecer: la simple exposición a la luz del sol y al oxígeno desencadena su biodegradación natural a un ritmo similar al de una hoja de roble.
A esto se suma el enorme potencial de la economía circular. Hoy en día, a través del reciclaje y transformación del caucho natural recolectado, el globo de fiesta se convierte en materia prima para fabricar calzado, juguetes para mascotas, pisos amortiguadores para parques infantiles, superficies deportivas y otros insumos industriales. Se trata de una cadena con capacidad de reinvención y aprovechamiento integral.
Pero el asunto no es solo técnico; es profundamente humano. Detrás de la industria del látex en Colombia habitan más de 250 familias campesinas, más de 50 empleos rurales en su transformación inicial y más de 1400 empleos directos en la fabricación final del globo que lleva estas gotas de alegría a más de 78 países. Comunidades rurales, madres cabeza de familia y jóvenes que apostaron por el caucho para sustituir cultivos ilícitos y tener hoy una vida digna, transformando tierras antes golpeadas por la violencia en bosques legales y productivos. Cada vez que una celebridad ataca injustamente a esta cadena productiva para ganar interacción en redes, le da la espalda al esfuerzo de la paz rural en nuestro país y a la generación de empleo y crecimiento económico de una cadena de valor que viene aportando al PIB nacional.
Es legítimo promover buenas prácticas, como educar al consumidor para que nunca se suelten globos al aire libre y se manejen adecuadamente sus residuos. Eso es pedagogía ambiental. Lo que no es aceptable es la ligereza de condenar un producto y a toda su gente sin haber dedicado unos minutos a investigar y estudiar.
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Pedir la palabra en los medios exige leer, analizar más allá de sus propios miedos y conceptos. Quienes manejan la atención del público tienen la responsabilidad moral de contrastar sus afirmaciones antes de opinar. La verdadera sostenibilidad no es una tendencia de redes; es la capacidad de conciliar el cuidado del medio ambiente con el bienestar y la dignidad de las comunidades que trabajan la tierra y generan empleo como las industrias que usan caucho natural como materia prima.
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