sábado, 24 de septiembre de 2022
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La sinrazón de ser potencia importadora de pescado en el país del agua

Roberto Ramírez Ocampo, Columnista

Roberto Ramírez Ocampo

Directivo de Democracia y Modernización Ganadera (Demogan). Consultor de Empresas en comercio internacional.

Ser deficitarios en autoabastecer nuestras necesidades de consumo de pescado es una sinrazón. 

Antes de seguir, debo hacer un reconocimiento al doctor Nicolás del Castillo Piedrahita, director saliente de la AUNAP, quien con un precario presupuesto hizo más de un milagro no solo para ampliar la cobertura de la autoridad de pesca, sino que logró el reconocimiento internacional y de muchas comunidades de pescadores olvidados. Espero que el próximo director tenga no solo presupuesto, sino la mística de este gran señor. 

Les comparto algunas estadísticas del año 2019. El portal de TRIED (Inteligencia de mercados con información pública) habla de importaciones por US $229’261.009 y de exportaciones por US $89’767.070. Estos son US $139’493.937 menos entre la importación y la exportación. Si se importaran solo las especies que no producimos aquí, y una parte de las compras se dirigiera a los artesanos de la pesca que derivan el sustento de esta actividad, es probable que al año los más de 190.000 pescadores que tenemos tuvieran la oportunidad de duplicar sus ingresos y fortalecer la asociatividad.



Estos compatriotas adolecen de muchos servicios del Estado, incluidos la educación, la salud, la vivienda digna, la energía y, desde luego, la representatividad ante las autoridades. Dejo este punto de último, pues mi amigo Ómar Guarín, pescador de nacimiento, se presentó al Senado y obtuvo menos de 2800 votos, a pesar de dar la vuelta a prácticamente todos los municipios pesqueros. Si el 20% de sus colegas hubieran votado por él, hoy el senado se vestiría de gala para recibir un genuino representante de los pescadores.

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Existe una acción urgente que debemos acometer para que esta actividad no colapse, y es la campaña para evitar la contaminación acelerada de nuestros ríos, en especial en la cuenca del Magdalena. Para esto, como para muchos de nuestros malestares, existen soluciones económicas y 100% criollas. La fundación Humedales, que dirige Mauricio Valderrama, ha mejorado procesos que permiten descontaminar las aguas con filtros naturales. Él, junto con su equipo y su hijo Felipe, son apóstoles de la descontaminación. Ojalá el nuevo gobierno, tan empeñado en que Colombia sea potencia de vida, los contacte y siembre sus soluciones en los lugares donde sea factible, para bien del agua y bienestar de los pescadores y los peces. 

De acuerdo con investigadores de las universidades de Córdoba y del Magdalena, el contenido de metales pesados en los peces que han sido analizados excede en diez veces el máximo admitido por el INVIMA.

Hasta la década de 1980, la captura en el Magdalena llegaba a las 80.000 toneladas. Con el consumo per cápita de 7 kilos al año, esto permitiría asegurar el 22% del total de nuestras necesidades y, de contera, una mejor vida para los pescadores. 

Colombia es potencia del agua. Lamentablemente, la mayoría está contaminada.

La conectividad de las ciénagas está comprometida. Ellas son la “salacuna de los peces”, pulmones, riñones, hígados y filtros que nos aseguran poder perpetuar nuestra biodiversidad, evitando que continuemos destruyendo la vida.

Los pescadores deben y pueden ayudar a mejorar esa conectividad; ellos deben cuidar la pesca y su calidad; ser custodios de los ríos, comprometiéndose con su descontaminación, y recibir por ello una compensación del Estado, que debe ser analizada con juicio y sin cuentas alegres. Mi propuesta está dirigida a disminuir las importaciones e incrementar las exportaciones. 

No olvidemos que el pescador y el pez son los indicadores de los ríos y los mares. 

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