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viernes, 16 de enero de 2026
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Maluco también es bueno

Marta Isabel González, Columnista, Más Colombia

Marta Isabel González

Ingeniera de Diseño de Producto, Magíster en Mercadeo, creadora de La Vendedora de Crêpes.

Siempre fui una niña juiciosa, pero al mismo tiempo rebelde. Nunca grosera, pero desde que tengo memoria me he negado a aceptar las cosas porque sí o porque alguien dice.

Estudié en uno de los mejores colegios de Medellín a nivel académico y, aunque siempre puse atención en clase y nunca perdí una materia, mi forma de rebelarme fue no hacer tareas. Me parecía el colmo que después de estar estudiando de 8am (o tal vez antes) a 3pm, tuviera que llegar a las 4pm a la casa, cansada, a seguir estudiando.


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Hoy me da risa, pero en esa época me moría de la rabia. ¿Cuál era la lógica? Además de las tareas, se suponía que también teníamos que estudiar más porque todos los días a primera hora teníamos examen.

¿Cuándo estudié para un examen? Nunca. Mentiras, estoy exagerando. Para química sí estudiaba porque esa materia nunca quiso entrarme en el cerebro a pesar de ser la única que estudié con juicio. Bueno, también estudiaba para historia del arte, pero eso para mí no era estudiar.

A pesar de mi rebeldía con las tareas y con los exámenes nunca perdí una materia, pude graduarme, entrar a la universidad, trabajar de una forma más o menos funcional, peroooooooooo cuando decidí ser independiente y empezar mi propio negocio me di cuenta de que no tenía un gramo de disciplina en mi cuerpo.

Toda la vida entregué lo que había que entregar, hice lo que había que hacer sólo si era obligatorio entregarlo o hacerlo, pero cuando uno es su propio jefe, el jefe siempre termina diciendo que no importa, que otro día, que se vale descansar y termina uno en una espiral infinita perdiendo tiempo y aprendiendo más de la cuenta sobre las muchas series de Netflix.

Por eso, ahora que estoy en una edad en la que algunos niños se atreven con toda desfachatez a decirme “señora” y no los ahorco solo por el miedo a la cárcel (esto es ironía, no quiero ahorcar a ningún ser humano) a veces me encuentro pensando ¿por qué nunca hice tareas?¿Qué cantidad de cosas habría hecho con mi negocio a estas alturas si la disciplina hiciera parte de mi vida?


Bueno, tampoco me voy a tirar tan duro. He mejorado y, la verdad, me siento orgullosa del progreso que he tenido, pero qué cantidad de trabajo me habría ahorrado si hubiera entendido desde el colegio que a veces maluco también es bueno.