miércoles, 22 de abril de 2026
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No son las formas

Victoria E. González M., Columnista, Más Colombia

Victoria E. González M.

Comunicadora social y periodista de la Universidad Externado de Colombia y PhD en Ciencias Sociales del Instituto de Desarrollo Económico y Social (IDES) de la ciudad de Buenos Aires. Decana de la Facultad de Comunicación Social – Periodismo.

En la ciudad impía, mientras la lluvia cae, cientos de jóvenes salen a las calles a protestar. Y la ciudad impía, que se congestiona por un choque simple, colapsa irremediablemente con las protestas. Se cierra el acceso al transporte público y la gente sale a caminar horas y horas para llegar a su casa. 

Entonces la nota, el enfoque de la información, se centra en la caminata de los peatones bajo la lluvia; en la entrevista a los ciudadanos —a modo de una bonita muestra de solidaridad— para saber cuántas horas llevan caminando o hacia dónde van;  y, por supuesto, en los “actos vandálicos” protagonizados por “desadaptados” que destruyen el bien público e impiden que la ciudad “fluya”.

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¿Y el fondo? ¿la esencia? Una joven de 17 años violada en el transporte público. Pero no, más importante que cualquier cosa, para medios y ciudadanos, es el reclamo airado de otras jóvenes que no se callan más porque están hartas de ser el blanco diario de la violencia sexual sin que pase nada. 

No son las formas, dicen entrevistadores y entrevistados. Y tienen toda la razón. No son las formas, porque una joven que sale de su casa al lugar que quiera o que tenga que salir debe contar con la protección de las autoridades en las calles, en el transporte público o a donde quiera que vaya. 

Las formas son otras, porque aunque nunca se van a terminar los violadores o los acosadores, no puede ser posible que sean capturados por exhibicionismo y luego salgan libres a las pocas horas para seguir violando mujeres. 

No son las formas, porque cuando se produce un acto de violencia contra una mujer, en medio del horror y del trauma que esto le puede generar y que sin duda le dejará marcas profundas para toda la vida, esa mujer no tiene por qué iniciar un recorrido por dos, tres, y hasta cuatro lugares, con el fin de que alguien le tome una declaración o le diga qué debe hacer en un momento tan difícil. 

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Las formas no son, cuando las funcionarias públicas de las unidades de protección a las mujeres salen en los medios a decir el tan colombiano “qué pena con usted”, porque no se le escuchó, porque no se le atendió, porque no había nadie disponible para que una joven menor de edad hiciera su denuncia. 

Entonces, lo malo, lo impresentable, lo terrible es el trancón o el vidrio roto, el grafiti o el grito desesperado porque todos los días, todos y cada uno de los días de esta vida, en cualquier lugar de la ciudad impía o fuera de ella, las mujeres tenemos que salir con miedo de no volver, de ser agredidas, ultrajadas o maltratadas. Entonces, eventualmente, ante un caso de tantos y tantos, ese que se vuelve emblemático, salimos a protestar, a reclamar, a gritar, a romper; pero no, no son las formas.

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