Un estudio en la revista Ibis propone que la pava de Santa Marta sea una especie aparte: sería un ave endémica de la Sierra Nevada
domingo, 11 de octubre de 2026
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Un estudio en la revista Ibis propone que la pava de Santa Marta sea una especie aparte: sería un ave endémica de la Sierra Nevada

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Su canto al amanecer es más largo y lento, y el ruido de sus alas al volar es continuo: con eso y con rasgos físicos, los autores piden devolverle el rango de especie que tuvo en 1912.

Una pava silvestre posada en una rama de un bosque de niebla al amanecer.

Un artículo científico propone reconocer a la pava de Santa Marta como especie endémica, es decir, que solo vive en la Sierra Nevada de Santa Marta. Lo publicó el 7 de octubre de 2026 la revista Ibis, de la Unión Británica de Ornitólogos, en un trabajo cuyo título en inglés dice que las diferencias en el ruido de las alas, el canto y la forma respaldan que sea una especie.

Se trata de una propuesta científica y todavía no de una clasificación oficial. La clave está en señales fáciles de distinguir: el canto que emite al amanecer y el ruido que producen sus alas durante el vuelo de exhibición.

¿Qué diferencia a la pava de Santa Marta?

La separación propuesta se apoya en diferencias del canto del amanecer, el matraqueo de las alas y varios rasgos físicos. El análisis fue bioacústico y morfológico: no utilizó genética ni demostró aislamiento reproductivo, y los propios autores reconocen que faltan datos genéticos para completar la comparación.

En Penelope argyrotis, el canto tiene notas breves, rápidas, de frecuencia estrecha y sin saltos. En Penelope colombiana, la serie es más larga y lenta, cubre un ancho de banda mayor y presenta saltos de frecuencia semejantes a un «yodel».

El ruido mecánico del vuelo consta de dos segmentos en la primera y de una secuencia continua en la segunda. También cambian el iris, la piel facial, el patrón de cabeza, cuello y manto, la corona, el ala, la cola y el color de las patas.

Los autores sostienen que el conjunto de diferencias supera el observado entre otras pavas tratadas como especies distintas. Su propuesta dejaría a Penelope argyrotis con las formas argyrotis y albicauda, y reconocería por separado a Penelope colombiana.

¿Es una especie nueva?

No es un ave recién descubierta ni un nombre recién creado: W. E. Clyde Todd describió a Penelope colombiana como especie en 1912, pero después fue reducida a subespecie. El artículo busca restituirle aquel rango y separarla de la pava camata o de cola bandeada.

Firman Juan I. Areta y M. Juliana Benítez Saldívar, afiliados en Salta, Argentina; Pamela C. Rasmussen, del Laboratorio de Ornitología de Cornell; y J. V. Remsen Jr., de la Universidad Estatal de Luisiana. Ninguna institución colombiana figura entre las afiliaciones de los autores.

¿Ya es oficial?

Al 11 de octubre de 2026, la clasificación del Comité de Clasificación de Sudamérica (SACC), consultada ese día, conserva una sola especie con tres subespecies. Las listas de Clements/eBird, del Congreso Ornitológico Internacional (IOC) y AviList tampoco la habían adoptado en sus versiones públicas más recientes.

¿Qué cambiaría para su conservación?

Si la separación se acepta, la pava de Santa Marta necesitará una evaluación de conservación propia. La categoría vigente para el conjunto no se transfiere automáticamente a la población serrana, porque su distribución y sus riesgos tendrían que analizarse por separado antes de asignarle un estado.

La ficha de Penelope argyrotis de BirdLife International, autoridad para aves de la Lista Roja de la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza (UICN), cubre la especie amplia. La clasifica en Preocupación Menor, aunque registra una población decreciente por pérdida de bosque y cacería.

La ficha sitúa al conjunto en bosques montanos entre 300 y 3.050 metros, principalmente de 800 a 2.400. Ese intervalo corresponde a la especie amplia y no constituye un rango propio comprobado para la población de Santa Marta.

La Sierra Nevada alberga 631 especies de aves, 14 de ellas endémicas, según el reporte Biodiversidad 2024 del Instituto Humboldt. Colombia tiene 1.968 especies de aves registradas, de acuerdo con el mismo instituto, que se basa en la lista nacional de 2022.

Reconocer una distribución exclusiva permitiría medir con precisión la situación de esta población y orientar mejor su protección, pero esa consecuencia depende de que la propuesta taxonómica sea evaluada y aceptada.