Pésima idea dividir a la Policía
Jorge Enrique Robledo
Ex senador de la República.
En entrevista en Semana con Vicky Dávila del 27 de marzo (ver enlace), el General Henry Armando Sanabria Cely, director nacional de la Policía, violó el primer deber de los jefes de las organizaciones económicas, políticas, religiosas, militares y de cualquier orden, consistente en actuar con el mayor cuidado para no dividirlas por cuestiones secundarias para el logro de los fines principales para los que fueron creadas, porque les dificultan o les hacen imposible alcanzar sus metas.
El deber fundamental que incumplió el general Sanabria es, si se quiere, más importante de respetar en la Policía porque en ella la cohesión y el mando unificado son, literalmente, asuntos de vida o muerte y su fractura le trae consecuencias nocivas a Colombia entera. En un país además asediado por las violencias de muchas y experimentadas organizaciones por fuera de la ley, el gran poder del narcotráfico y la corrupción política que lo permea casi todo.
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En este país, tan urgido de propósitos comunes de signo democrático, Sanabria Cely le habló a la entrevistadora más como un alto dignatario de la Iglesia Católica que como un general de la República, pero ni siquiera en el tono mesurado que acostumbran los obispos, sino como el jefe de una muy militante fracción de esa creencia religiosa. Como si la Constitución Política no hubiera superado el Estado confesional y no garantizara la libertad de cultos también en la fuerza pública.
Cuando el General Sanabria irrespetó y maltrató a las mujeres y a los homosexuales, estimuló un pleito muy divisivo e innecesario en la Policía Nacional y en la sociedad colombiana, que espera de él que cumpla con sus deberes policiales y que no haga nada que los perturbe, como juró cumplir cuando se graduó en la escuela de cadetes.
Además de darles el tono de infalibles a ideas que dividen a la Policía y lo enfrentan con una porción considerable y respetable de sus miembros y de la nación, el General Sanabria y los altos mandos partidarios de sus muy discutibles puntos de vista andan haciendo campaña proselitista dentro de la institución, según le explicó un respetable coronel en ejercicio a la periodista Cecilia Orozco (ver enlace). Presionan a sus miembros a asistir a cursillos a favor de la fe del jefe de la Policía, eventos de alto costo para los asistentes y que en la práctica promueven la división entre policías “buenos” y policías “malos”, con los consabidos premios o castigos, según militen o no con la visión religiosa de su superior jerárquico. ¡Qué forma tan artificial y arbitraria de dividir un cuerpo que para su éxito necesita actuar lo más cohesionado posible!
Dejo expresa constancia de que no le desconozco al General Sanabria su derecho a tener las ideas religiosas que desee, aunque no las comparto. Lo que controvierto es su objetivo muy equivocado, absurdo incluso, de, ¡desde ese alto cargo!, presentarse ante los colombianos como el supremo sacerdote de su grey y abusar de su poder para intentar uniformar el pensamiento de la Policía a favor de sus ideas religiosas.
De lo más criticable de esta historia es que el Presidente de la República, Gustavo Petro, y el ministro de Defensa, Iván Velásquez, no han actuado sobre este problema, consumando así tres opciones, todas malas: o no entienden el gran error y su continuado y superlativo daño a Colombia o no les importa o son incapaces de asumir sus responsabilidades.
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