lunes, 6 de febrero de 2023
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Presidente, ¡salve usted el planeta!

Leonardo Arbeláez Lamus, Columnista, Más Colombia

Leonardo Arbeláez Lamus

Ingeniero químico de la Universidad Industrial de Santander, Excontralor Delegado de Minas y Energía de la Contraloría General de la República. Docente de Posgrado en la UNAB, Esp. Gerencia de Recursos Energéticos. Director Ejecutivo de CALD SAS.

El jueves 19 de enero en Davos (Suiza), en el marco de la Reunión Anual del Foro Económico Mundial, tanto la ministra de Minas y Energía como el presidente de la República anunciaron a la comunidad económica reunida su decisión de no firmar nuevos contratos de exploración y producción (E&P) de petróleo y gas.


Según las reseñas internacionales, el gobierno apuesta a mejorar la eficiencia de 330 contratos E&P vigentes y transformar su matriz exportadora para compensar los ingresos que pueda dejar de percibir Colombia por cuenta de la decisión ilustrada.

En diferentes columnas se han venido analizando los impactos de una decisión de este tamaño, tanto en lo que tiene que ver con los ingresos de la nación (50 % de canasta exportadora, 30% de la inversión privada, entre el 3% y 4% del PIB Nacional, 15 Billones de pesos de regalías por año, más del 50% de las utilidades de Ecopetrol y los porcentajes contractuales de los contratos vigentes en producción actualmente como renta petrolera, entre otros) como en el aporte de Colombia al cambio climático global, que se calcula en aproximadamente el 0,7% de los Gases Efecto Invernadero (GEI) emitidos por todo el planeta.

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Leonardo Arbeláez Lamus

Para entender el impacto al cambio climático del subsector hidrocarburos (petróleo y gas) en Colombia, vale la pena mencionar que, en cifras del PLAN INTEGRAL DE GESTIÓN DEL CAMBIO CLIMÁTICO[1] (PIGCC), MinMinas determinó para el año de esa medición que en Colombia se generaron 237,3 Megatoneladas (MT) de CO2 equivalente.


De ese total, el estudio establece que el Subsector Hidrocarburos emitió en su extracción y producción 4,6 MT CO2 equivalente. Es decir, es inferible acotar que la explotación de hidrocarburos genera el 1,9% de las emisiones totales del país. Ahora, si Colombia participa aproximadamente con el 0,7% de emisiones globales del planeta, quiere decir entonces que la explotación de hidrocarburos nacional aporta apenas el 0,013% de las emisiones mundiales.

Analizando cifras per cápita de emisión de CO2[2], según publicación oficial de MinMinas[3], “un colombiano promedio puede emitir al año 1,6 toneladas de CO2 (información del Banco Mundial, 2018), una cifra que debe disminuirse para lograr la apuesta ambiciosa del país de reducir el 51 % de emisiones de Gases de Efecto Invernadero (GEI) al 2030 y alcanzar la carbono neutralidad al 2050.

Este promedio colombiano, según información del Banco Mundial, está por debajo del promedio mundial (4,47 CO2 t per cápita), del de la Unión Europea (6,4 CO2 t per cápita); Estados Unidos (15,2 CO2 t per cápita), con respecto a las emisiones generadas en América Latina y el Caribe (2,6 CO2 t per cápita); así mismo, con Brasil (2 CO2 t per cápita), Chile (4,6 CO2 t per cápita) y Argentina (3,9 CO2 t per cápita)”. Como se ilustra, Colombia está por debajo de todos los promedios regionales y de las economías más fuertes de Latinoamérica.

Concluyendo, es más que evidente que Colombia no es relevante en el escenario de presión al cambio climático del planeta. Así mismo, la economía colombiana está estructuralmente fortalecida por la renta que genera el subsector de hidrocarburos.


Reiterado lo anterior, el análisis se enfoca ahora al impacto específico de la industria petrolera. Colombia produce actualmente por día aproximadamente 771 mil barriles de petróleo y 1.100 millones de pies cúbicos de gas[4]. El país tiene reservas confirmadas de petróleo para 6 años y de gas para 15 años, aproximadamente.

Con este panorama se cierran las posibilidades de explorar y explotar nuevos yacimientos de hidrocarburos en Colombia. ¿Cuál podría ser el impacto para este sector? En la actualidad no hay ejemplos comparativos específicos para realizar un análisis de este tipo. Tal vez la situación más similar podría ser Venezuela, cuya producción se redujo a menos del 20% en los últimos 10 años, debido más a temas de índole interno en materia política que a decisiones específicas del Gobierno venezolano frente a su producción petrolera.

Sin embargo, es interesante dar una mirada al hermano país. Venezuela tiene dos grandes refinerías dentro de su territorio: Complejo Petroquímico General de División José Antonio Anzoátegui y la Refinería de Puerto La Cruz. Adicionalmente, su producción llegó a los 2,7 millones de barriles por día en los años 2005 y 2006.  

Cuando inicia el deterioro de la industria debido a la ineficiencia de su recurso humano (por despido masivo y/o migración del capital profesional capacitado), se viene a pique la producción y se estanca la exploración de petróleo. Durante los años siguientes decreció la producción y por restricciones internacionales se impactó la comercialización de productos venezolanos a nivel internacional.


En síntesis, Venezuela no tuvo petróleo para exportar fue y muy poco el utilizado para refinar. Lo que ocurrió después fue Troya. La infraestructura petrolera fue canibalizada, las grandes compañías de servicios salieron del país, se deterioró la implementación tecnológica, se robaron piezas importantes de las diferentes unidades de proceso en las refinerías, se pararon los pozos, se hurtaron las líneas de flujo, etc. Hoy en día, cuando se da vía libre a Chevron para volver a comercializar crudo, no se cuenta con la infraestructura necesaria para exportar cantidades importantes de petróleo venezolano.

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Lo anterior no se expone con la intención de etiquetar a Venezuela como un ejemplo de polarización política. No. Se trae a colación dado que, según la ANH, en Colombia se tienen reservas de petróleo para 6 años a las tasas actuales de producción. Sin nuevos yacimientos potenciales, el futuro a corto plazo podría llegar a estar en las condiciones de falta de hidrocarburos para autoabastecer la demanda de las dietas en nuestras propias refinerías (tal fue el caso Venezolano), incluso en menor tiempo del planteado, dada la tendencia alcista de precios por el cambio de los determinantes actuales del mercado (apertura de China, guerra de Ucrania, inflación, etc.), donde es probable que las actuales empresas con licencias vigentes de explotación aumenten los rendimientos de extracción para aprovechar la bonanza de precios internacionales, disminuyendo el tiempo de autoabastecimiento en ciernes.

Puntualizando, tener una infraestructura operativa es fundamental para garantizar todas las operaciones y procesos unitarios que permiten la explotación de hidrocarburos. Prescindir de la materia prima promueve la destrucción del aparato productivo del sector, generando efectos impredecibles si no se logran compensar las rentas nacionales del petróleo con otra matriz de productos nacionales de exportación.

Ahora, revisemos el escenario de transformación de la canasta exportadora en términos de emisiones GEI. Especulando, el producto de mayor potencial de crecimiento para soportar la migración de ingresos podría ser el turismo.


Según la ANATO, en el 2019 por trimestre llegaban a hacer turismo en Colombia cerca de 1 millón de extranjeros. Si multiplicamos por 4 trimestres, linealmente se tiene para este ejemplo que al año pasan por el país 4 millones de turistas foráneos.

Si ponemos una media de 10 días de estadía, una distancia promedio por viaje de 5.000 km (distancia ida y vuelta a Miami) y una emisión de CO2 per cápita de pasajeros en aviones comerciales de 150 g/km[5] por año, se tiene una emisión actual del turismo de 82 mil Ton de CO2 año solo por el transporte hacia y desde Colombia.

Si se suma el factor de 1,6 Ton de CO2 por habitante por año (MinAmbiente) que genera cada colombiano, se tiene que, por estadía con cifras de 2019, se emiten por extranjeros otras 175 mil toneladas de CO2. Sumando las dos emisiones (transporte y estadía), se tiene una emisión anual de 257 mil Ton de CO2.

Si el sector turismo aporta 2 puntos al PIB nacional y se requiere llegar a 6 puntos para compensar el ingreso de la renta petrolera (solo en el aporte al PIB), habría que multiplicar por tres veces las emisiones generadas por esta actividad (0,77 MT CO2). En síntesis, buscar compensar el PIB de la renta petrolera con turismo implica emitir casi el 20% de las emisiones que hoy genera la explotación de petróleo y gas.


Si se evalúan adicionalmente las emisiones para compensar las regalías, utilizando el indicador que provee DATOS MACRO (https://datosmacro.expansion.com/energia-y-medio-ambiente/emisiones-co2/colombia) respecto a las toneladas emitidas de CO2 en Colombia por cada USD $1.000, el cual es de 0,1 Kg de CO2, se tiene que para 15 billones año, con una tasa de COP $4.800 por dólar, anualmente se emitirían 312 mil toneladas de CO2.

Lo anterior se esboza a manera de ejemplo de lo que de todas maneras cuesta en términos de emisiones GEI la migración de la canasta exportadora o de compensación de los ingresos que genera la renta petrolera en dos ejemplos específicos. No es, por supuesto, un ejercicio riguroso desde el punto de vista académico, pero permite inferir que las compensaciones van a emitir igualmente CO2 e igualmente dichas emisiones no van a ser relevantes para la disminución de la temperatura del planeta.

El Ministerio de Minas y Energía no ha sido especialmente juicioso en socializar con la opinión pública cómo va a compensar los ingresos de la explotación de hidrocarburos. No hay claridad sobre el plan de acción para promover sectores que garanticen esa migración, tanto de la canasta exportadora como de la generación de recursos que irriguen los territorios (regalías).

No se conocen los mecanismos en el corto plazo que van a garantizar la seguridad energética el país. Tampoco hay claridad sobre cómo se va a proteger la infraestructura petrolera actual o si definitivamente se va a prescindir de ella. Hay muchas preguntas que hoy no tienen respuesta clara y contundente.


Colombia es una nación que requiere fortalecer su aparato productivo, su competitividad, su gestión de conocimiento, su industrialización. La descomunal desigualdad existente necesita políticas públicas responsables que focalicen la inversión de sus limitados recursos en garantizar una calidad de vida digna y un Estado de derecho capaz de circunscribir a todos los colombianos. Esto implica tener una estabilidad meridiana en la generación de ingresos corrientes tales como los aportados por el sector energético.

Al parecer, las luces y pasarelas de los foros internacionales promueven el afán de fungir como héroes planetarios. Parafraseando una frase histórica: ¡presidente Petro, salve usted el planeta! Porque ni USA, ni CHINA, ni INDIA, ni el GOLFO PÉRSICO, ni la mayoría de EUROPA, están hoy en condiciones o con intenciones de hacerlo tan precipitadamente.


[1] https://pigccme.minenergia.gov.co/public/web/

[2] https://datosmacro.expansion.com/energia-y-medio-ambiente/emisiones-co2/colombia


[3] https://www.minambiente.gov.co/cambio-climatico/en-promedio-un-colombiano-emite-al-ano-16-toneladas-de-co2/

[4] https://www.anh.gov.co/es/operaciones-y-regal%C3%ADas/sistemas-integrados-operaciones/estad%C3%ADsticas-de-producci%C3%B3n/

[5] https://es.wikipedia.org/wiki/Impacto_ambiental_de_la_aviaci%C3%B3n

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