Providencia: «El Gobierno se está dando cuenta de que la arquitectura tradicional de madera tiene sentido»

Usted estuvo en Providencia hace poco, ¿cómo es la situación allí?
Providencia es lo más parecido a Cuba en este momento, está totalmente bloqueada. No hay ninguna actividad económica. No hay comercio, no hay agricultura. Los providencianos viven de la pesca, pero desde hace siete meses no tienen ni motores ni botes. No hay turismo tampoco. El Gobierno no deja entrar un solo turista a pesar de ser la fuente de su economía.
En Providencia, ¿cuántas casas están totalmente destruidas y cuántas necesitan un mejoramiento por daños parciales?
Como consecuencia del huracán, el 98% de las viviendas e infraestructura pública quedaron destruidas. En total, más de 2.000 familias lo perdieron todo. Pocos días después de la catástrofe, el 20 de noviembre de 2020, el Gobierno anunció que en 100 días iba a reconstruir las viviendas del archipiélago. Eso representaba 1138 viviendas nuevas por construir, 877 viviendas por reparar y otras 180 a las que hacía falta repararles únicamente el techo.
El balance de la reconstrucción es negativo y el nivel de ejecución de los funcionarios es bastante pobre: se construyeron solamente dos viviendas nuevas y se repararon 500 viviendas. Hace poco, el Gobierno aumentó el número de viviendas a reparar y disminuyó el de las viviendas nuevas a construir. Al hacer las cuentas, uno se da cuenta de que casi 300 viviendas desaparecieron.
¿Qué solución provisional se le ha dado a la gente?
Actualmente, la gente está viviendo en carpas, con baños provisionales y muchos de ellos son personas mayores. Los techos han sido colocados por la misma gente con materiales reciclados.
Si bien se les está poniendo techo a las viviendas, el Gobierno no ha hecho nada en cuanto al hábitat, es decir, en cuanto a los espacios públicos, comunes, culturales, espirituales… Hasta el momento, no se ha empezado a reconstruir el hospital, la alcaldía ni el colegio.
¿Qué proporción de los habitantes afectados se ha beneficiado con los programas del Gobierno nacional?
Solamente una tercera parte de la población tiene ya su vivienda, y estas suelen presentar problemas. Otra dificultad para los habitantes es que no saben cuándo se van a reconstruir sus casas. El Gobierno se ha negado a publicar listas de priorización con nombres propios por sectores.
Es importante recordar que antes del huracán había un déficit de vivienda en Providencia; más de 300 familias de la comunidad raizal no tenían casa propia, sino que vivían en arriendo. A estas familias, que están viviendo en carpas ahora, se les ha negado el derecho a la reconstrucción.
¿Qué medidas se deben tomar para agilizar la construcción de las casas y demás obras de infraestructura necesarias, respetando las particularidades culturales y arquitectónicas de las islas?
Considero que la manera más fácil de reconstruir es partiendo de lo que quedó y añadiendo las especificaciones antihuracanes. No es necesario tumbar la cimentación cuando está en perfecto estado. Además, en muchos casos, permanecieron los primeros pisos de madera. Aunque el Gobierno poco a poco ha venido entendiendo esto, está trayendo de afuera unas casas con un sistema de construcción que no tiene nada que ver con el de la isla. Al imponer un único modelo de vivienda, está rompiendo con este patrimonio cultural y arquitectónico.
¿Qué papel está desempeñando la comunidad en la reconstrucción de las casas y demás obras de infraestructura?
La comunidad es extremadamente creativa. La gente ha ido reciclando el material que quedó. Un ejemplo de eso fue la construcción de una casa isleña gracias a la madera del edificio de la alcaldía que fue desmantelado por el Gobierno. En este proceso, los miembros de la comunidad se estuvieron enseñando el sistema de construcción tradicional. Cada vez más, el Gobierno se está dando cuenta de que esta arquitectura de madera tiene sentido, que la gente se siente más a gusto y que hay un conocimiento ancestral en Providencia.
Sabemos que en Providencia y San Andrés el turismo es el principal motor de la economía. ¿Han vuelto los turistas a Providencia y a San Andrés?
Es bueno comparar las dos islas. Por un lado, San Andrés recibe un millón de turistas al año, es un turismo de masas y ya volvieron los turistas a la isla. Por otro lado, a Providencia llega una cuarta parte del turismo de San Andrés. Se caracteriza por ser un turismo de naturaleza, sin grandes hoteles, con un desarrollo de posadas nativas. Ellos no tienen mucha infraestructura y la gente todavía es dueña de su tierra. Eso es lo que el Gobierno quiere cambiar.
Desde principios de junio ha empezado la temporada de huracanes en la zona. ¿Cómo se están preparando las islas para hacerle frente?
La comunidad providenciana está pendiente de las noticias climáticas. Sin embargo, no hay una gestión de riesgos y desastres responsable. La postura política de nivel nacional y local es absolutamente irresponsable porque no previene. Han pasado ocho meses y todavía no hay refugios, no hay medidas de prevención o de reubicación, no hay un ordenamiento territorial. Es como si la gente quedara a su suerte.