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viernes, 9 de enero de 2026
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Salud mental en tiempos de crisis: los impactos post-COVID19 para el desarrollo regional según el Banco Mundial y las 10 recomendaciones de la OPS

La salud mental sigue en crisis después de la pandemia por COVID-19 y tiene efectos económicos. Más de 30 mil millones de dólares se pierden anualmente en Latinoamérica y el Caribe a causa de los desórdenes de salud mental en jóvenes. Le contamos.
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La inversión en salud mental, según un reciente informe del Banco Mundial, es un imperativo económico y social para Latinoamérica y el Caribe. Los desórdenes mentales y el uso de sustancias constituyen un gran porcentaje de discapacidad en la región después de la pandemia por COVID-19.

A pesar de los estudios y alarmantes datos recogidos en los últimos 5 años, solo el 2% del promedio presupuestal en salud de la región se destina a salud mental. Los esfuerzos que se hacen en este rubro, además, no han mostrado efectividad: más del 60% del presupuesto se destina a financiar hospitales psiquiátricos, dejando de lado las aproximaciones comunitarias y preventivas, que muestran mayor efectividad. 


Según datos de The Lancet Global Health, citados en el informe, por cada $1 que se invierte en tratamientos para la depresión y la ansiedad, hay un retorno de $4 en mejor salud y productividad.

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A continuación, le contamos cuáles son los desórdenes de salud mental más frecuentes después de la pandemia por COVID-19 y las posibles soluciones que se proponen, desde instancias como el Banco Mundial y la OPS, a la crisis contemporánea:

La prevalencia de desórdenes de salud mental post-COVID19

Según datos del Banco Mundial, la pandemia por COVID-19 aumentó la prevalencia de ansiedad y depresión en un 25% a nivel mundial. Entre 2019 y 2020, Latinoamérica registró un aumento del 5.8% a 6.7% en los años de vida ajustados por discapacidad (AVAD) causadas por enfermedades de salud mental

Los desórdenes de salud mental más frecuentes en la región son la ansiedad y la depresión. Esta última se diagnostica dos veces más en mujeres que en hombres, lo que muestra que hay un factor de riesgo determinado por el género que ha sido desatendido por las instituciones. 


Según el informe, que recoge datos de la Pontificia Universidad Javeriana, “en Colombia, hay una prevalencia de depresión en 4.7% de la población, presentándose como la segunda enfermedad más frecuente, superada únicamente por enfermedades cardiovasculares”. 

Este fenómeno, además, afecta particularmente a la población joven. En el mismo caso colombiano, la prevalencia de depresión y ansiedad en adolescentes entre los 12 y los 17 años es del 12.2%

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Factores de riesgo como el aislamiento social, la pérdida de ingresos, la soledad, la inactividad, el limitado acceso a servicios básicos y la precariedad laboral causados por la pandemia han sido factores determinantes para que la población joven haya sido la más afectada. 

Las trabajadoras del sector salud, sobre todo aquellas que estuvieron en la primera línea de atención durante la pandemia, han mostrado una afectación diferenciada. El burnout, la ansiedad, la depresión, el insomnio y el estrés fueron más prevalentes en médicas y enfermeras que atendieron la crisis que en los hombres.

A pesar de los datos y las estadísticas, el gasto actual en servicios relacionados con salud mental es insuficiente. Las consecuencias económicas son pasmantes: “solo la depresión y la ansiedad le cuestan a la economía global $1 billón de dólares anuales en pérdida de productividad”. 

Más alarmantes aún son las proyecciones del aumento de esta pérdida: se espera que para 2030 estos desórdenes le cuesten a la economía global $6 billones de dólares anuales por pérdida de productividad

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Las posibles soluciones a la crisis de salud mental según el Banco Mundial y las 10 recomendaciones de la OPS

Los sistemas de salud latinoamericanos son frágiles y se ven sometidos a restricciones presupuestales extremas que generan ineficiencias sistémicas, particularmente en la atención a la salud mental. 

Sin embargo, no se pueden asumir estas dificultades como una condena. El Banco Mundial hace énfasis en las aproximaciones preventivas, que juegan un rol fundamental en el cuidado de la salud mental. En ese sentido, asistir estos casos en etapas tempranas puede mejorar las condiciones de vida de la población en general

Según el informe: “Proveer mejor cuidado cotidiano y preventivo, equipar los centros de salud con consultorios privados, e invertir en el personal necesario es imperativo. Esto implica equipar al personal en salud, como médicos generales, enfermeras y trabajadores sociales, con las herramientas básicas para que diagnostiquen, refieran y traten condiciones de salud mental”. 

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En esa misma línea, la La Comisión de Alto Nivel en Salud Mental y COVID-19 de la Organización Panamericana de la Salud (OPS) emitió 10 recomendaciones para los países latinoamericanos sobre el tema

1. Elevar el manejo de la salud mental a los niveles nacionales y supranacionales.

2. Integrar la salud mental en todas las políticas públicas.

3. Incrementar la cantidad y mejorar la calidad de la financiación destinada a salud mental.


4. Garantizar los derechos humanos de las personas que viven con condiciones de salud mental.

5. Promover y proteger la salud mental en el transcurso de la vida.

6. Mejorar y expandir los servicios de atención y cuidado de salud mental comunitaria.

7. Fortalecer la prevención del suicidio.

8. Adoptar enfoques de género para la atención de la salud mental.

9. Atender el racismo y la discriminación racial como factores clave de la salud mental. 

10. Mejorar los datos y la investigación en salud mental. 


En conclusión, para el Banco Mundial el acercamiento comunitario al tratamiento de enfermedades de salud mental, desde un enfoque preventivo, es la mejor salida a la crisis contemporánea que estamos viviendo en la región. 

Los gobiernos deben mostrar un compromiso, tanto político como económico, para incrementar el gasto y mejorar la calidad de la atención en políticas preventivas y comunitarias destinadas a reducir el riesgo de desarrollo de este tipo de enfermedades, particularmente en mujeres y población joven. 

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