¿Y la economía colombiana? “suavecito” para abajo
Juan Pablo Fernández
Economista. Analista económico, de políticas públicas y problemáticas sociales. Twitter: @FernandezMJP
Cada nuevo reporte sobre el estado de la economía colombiana evidencia cómo la alta inflación, el bajo-nulo-negativo crecimiento, y alto desempleo se consolidan. El desempeño negativo de la agricultura, la industria manufacturera, la construcción, el comercio, y el alojamiento y los servicios de comida, junto con el derrumbe del ahorro y de la inversión, nos tienen ad portas de la recesión.
El informe más reciente del ISE (DANE, octubre de 2023) muestra que, en 2023, la economía colombiana empezó creciendo al 4,94% y ya va en el 0,31%, donde todas las actividades (primarias, secundarias y terciarias) han zigzagueado entre negativos y bajos crecimientos.
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La industria, medida a través del Índice de Producción Industrial, completa año y medio en retroceso y seis meses de comportamiento negativo. La última vez que el sector tuvo tantos meses negativos fue entre marzo de 2020 y febrero de 2021, durante la parte más dura de la Pandemia.
En lo corrido de 2023, el podio de los renglones industriales de mayores dificultades lo componen la fabricación (ensamblaje) de vehículos, los textiles y las confecciones, y los productos de madera y de papel. Esto significa que, por el alto costo del dinero, la gente no compra bienes durables (carros), exhibe ropa motosa y roída, y desmejora sus prácticas sanitarias básicas.
El ajuste en el gasto se relaciona con el esfuerzo por sostener compras de alimentos (16,3 millones de personas con insuficiencia alimentaria, 66% más que en 2022), energía (electricidad y combustibles), vivienda (arriendos caros) y educación.
De acuerdo con los datos de Raddar, en septiembre en términos reales todos los frentes de gasto de los hogares estuvieron en rojo. Actualmente, el 91,8% de los habitantes de las 23 principales ciudades no ve mejoría en la situación del hogar y el 95,6% en la del país, y solo el 5% piensa que los precios de los bienes y servicios disminuirán (DANE, Pulso Social).
La carestía, es decir, el “precio alto de las cosas de uso común” (RAE), en la energía ha llevado a que la gente se transporte más a pie para ir al trabajo. Entre diciembre de 2022 y junio de 2023, el porcentaje de personas que van a pie a laborar pasó del 13,5% al 17,1%, donde las más afectadas fueron las mujeres, que subieron del 13,9% al 20,1% en los viajes a pie.
El modo de transporte que más redujo su uso fue la moto —la tercera parte del consumo nacional de gasolina—, al pasar del 19,4% al 16,2%, y seguida del bus tradicional y del transporte masivo articulado, que también cayeron en el uso.
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El aumento de los precios de la gasolina y el deterioro de las condiciones sociales ampliaron los problemas de accesibilidad económica al transporte público y privado. Y dizque lo de la subida en el precio de la gasolina iba a ser contra los “ricos”. Charlatanería.
Entre la población se observa el ascenso del consumo de juegos de suerte, bebidas alcohólicas, tabaco y estupefacientes, y, al tiempo, baja el uso de métodos para prevenir enfermedades de transmisión sexual.
También crece el porcentaje de personas que no usan ningún método de salubridad sexual, y baja el empleo del condón, preservativo o diafragma (del 10,5% al 8,8%). En las crisis las prácticas sanitarias sufren deterioro y desmejoran los indicadores de salud pública.
Este proceso de malos crecimientos en la oferta y demanda de bienes básicos, alto costo del capital y deterioro paulatino del mercado laboral y del ciclo económico seguirá teniendo, por ejemplo, efectos adversos sobre el movimiento de carga (las toneladas por viaje caen) y de pasajeros (la movilización de pasajeros por terminales baja duro y los pasajeros transportados siguen si llegar a los niveles de 2019), situación que continuará sintiéndose en 2024.
Se está ante un período de caída en la economía de hogares y empresas, en medio de condiciones políticas que elevan la incertidumbre y afectan las decisiones de inversión de agentes internos y externos, mientras el país vive de la mayor productividad absoluta del trabajo que paga la carestía y el alto costo del capital —con apretados rendimientos empresariales en parte por el mayor peso del gasto y la deuda financiera —.
También nos sostienen las remesas (exportación de mano de obra) y las ventas externas de bienes, como el carbón y el petróleo, que el gobierno quiere desbaratar.
El Banco de la República, que está al mando de la política económica, con toda su junta, incluyendo al ministro Bonilla, se mantiene en la línea de tasas de interés altas y política monetaria restrictiva.
Y en el frente de la política fiscal, entre agosto de 2022 y abril de 2023 el gobierno se endeudó. Después, entre abril y julio, pagó deuda como parte de un “ajuste” fiscal que lo mostró como deudor viable para volver a endeudarse hasta llevar a la deuda pública a $865 billones, y así, junto con los recursos de la Reforma Tributaria, ha obtenido caja para los tiempos electorales.
Con esta mezcla de respeto por los intereses de los grandes centros de poder, excesos verbales y gasto fiscal electoral, se mantiene intacta la ruta de los TLC y el camino del desbarajuste de la economía colombiana.
Mientras tanto, la vida de la gente y las condiciones de las empresas nacionales, como la economía en su conjunto, “suavecito” para abajo.