miércoles, 22 de abril de 2026
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El fútbol y la vida

Victoria E. González M., Columnista, Más Colombia

Victoria E. González M.

Comunicadora social y periodista de la Universidad Externado de Colombia y PhD en Ciencias Sociales del Instituto de Desarrollo Económico y Social (IDES) de la ciudad de Buenos Aires. Decana de la Facultad de Comunicación Social – Periodismo.

A punto de terminar el mundial de fútbol de Qatar se vienen los balances, las nostalgias y las apuestas. 

El fútbol, como todas las cosas masivas, tiene defensores y detractores en todo el mundo, por ello es que no vale la pena entrar a discusiones sobre quién tiene la razón. Las frases cada cuatro años casi siempre son las mismas: el fútbol, opio del pueblo; el fútbol, circo romano, y otra más.

Lo que sí amerita es una mirada a la forma como los futboleros, en particular los que no pudimos participar en la contienda con nuestra propia selección, nos plantamos ideológica y emocionalmente frente a todo lo que rodea el mundial; esto es, el lugar donde se hace, la forma como se eligió ese lugar, quiénes participan en la contienda, etc.

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A lo largo de estas adhesiones transitorias, digo transitorias porque van variando dependiendo de los resultados, se construyen y se difunden imaginarios y discursos contra uno u otro país que no tienen un asidero diferente a la irracionalidad. En este punto, los argumentos de los “expertos comentaristas” acerca de cuál debe ser la selección que levante la copa del mundo son bastante llamativos, en particular, porque la mayoría de ellos no apuntan a la calidad del espectáculo sino a otros asuntos. 

Muchos de esos asuntos se refieren a los manejos políticos de los países participantes, a quiénes no y quiénes sí representan imperios, al color de la piel de los futbolistas, al credo religioso, a si se trata de un país vecino o lejano, etc. Otros a elementos mucho más subjetivos. Por ejemplo, “voy por Francia porque yo fui allá de luna de miel y es muy lindo”; “Quiero que gane Marruecos porque son pobres y las mamás fueron a apoyar a los jugadores”; “Ojalá que pierda Argentina porque son creídos y se sienten europeos”; “Croacia no debería ganar porque la camiseta es muy fea”.

Lo que nos muestra esta catarata de sentires, comentarios y pasiones es que, aunque le moleste a la intelectualidad, aunque le escueza a muchos, el fútbol es mucho, mucho más que 22 hombres o mujeres corriendo detrás de un balón.

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