domingo, 4 de diciembre de 2022
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Karma del Magdalena

Roberto Ramírez Ocampo, Columnista

Roberto Ramírez Ocampo

Directivo de Democracia y Modernización Ganadera (Demogan). Consultor de Empresas en comercio internacional.

Una corporación que tiene la responsabilidad de cuidar la calidad de las aguas, la pesca, el transporte de carga, activar el turismo de alta gama, el transporte de pasajeros, hacer seguimiento a la utilización indiscriminada de aguas para regar cultivos, saber si se encarga del seguimiento e interventoría del Canal del Dique y los puertos que hoy continúan sufriendo la falta de profundidad en Barranquilla, no tiene comandante. Si lo prefieren, continúa como en los últimos cuatro años, sin una persona que afirme que ya está por aparecer la panacea a todos los problemas y no aparezca.

Cormagdalena da más la impresión de ser un Karma del Magdalena, que una corporación que tendría que estar trabajando en todos esos frentes, con soporte financiero y técnico. ¿Qué le ha faltado a la Corporación? Desde mi punto de vista, liderazgo y compromiso desde el gobierno central con ese proyecto que, considero, sería capaz de pagar todos sus emprendimientos si se pusieran a mover, en lugar de 3’000,000 de toneladas de carga, el doble al final de este cuatrienio y nuevamente el doble al final del próximo, para un total de 12 millones de toneladas. Esto yo lo llamaría su visión.


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Desde luego, esto es transportando hasta Puerto Salgar y La Dorada, que es donde está la gran carga. Si no hacemos esto, las actuales navieras terminarán con más de 200 barcazas y 30 o 40 remolcadores convertidos en chatarra, con la carga de contaminación que esto implica y, de contera, más de mil empleos tirados por la borda.

Con un peaje razonable que cubra los pagos mensuales durante 20 años por parte de los navieros —esto son unos USD $3 dólares por tonelada sobre la carga que supere las toneladas que hoy mueven—, el proyecto sería absolutamente viable.

Hoy, y durante los próximos 45 días, Barrancabermeja va a sentir el rigor de una sequía que ha disminuido el cauce en más de un metro y en menos de un mes. No hay dragado, no hay quién se haga cargo de la situación, nadie puede ser responsable porque a nadie han nombrado.

La designación durante años ha sido en muchas ocasiones atrevidamente improvisada. Si continúan haciéndolo y no se nombra director o directora (nunca ha tenido la Corporación una mujer al frente), el desvencije puede dejarnos sin palabras.

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¿Qué haría yo? Se me ocurre que, por concurso, se nombre a alguien que ya esté allí y que no tenga que llegar a que le expliquen minucias. Se podría reforzar el esquema nombrando a dos o tres exdirectores que apoyen al nuevo director (a), desde luego sin poder pero sí con el conocimiento que da la experiencia; sin tener en cuenta su partido, pero sí cuál fue su desempeño en el puesto.


Para llegar hasta Salgar y La Dorada, nuevamente insisto en que los gobernadores de Cundinamarca, Caldas, Boyacá y Antioquia sean consultados, pues serían los más beneficiados con el proyecto de la carga.

No puedo terminar sin hacer énfasis en el tiempo que ha perdido la Corporación hablando y no actuando en temas ambientales, que son prioritarios en su misión.

Ojalá este escrito llegue a las manos correctas para que no se dilate más la puesta en marcha de la Corporación, que generaría entre obras y cuidados miles de empleos que Colombia necesita.

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