sábado, 24 de septiembre de 2022
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La seguridad alimentaria y la seguridad sanitaria deben ir de la mano

Roberto Ramírez Ocampo, Columnista

Roberto Ramírez Ocampo

Directivo de Democracia y Modernización Ganadera (Demogan). Consultor de Empresas en comercio internacional.

Nuestro estatus como país “libre de aftosa con vacunación” podrá verse comprometido si prospera la idea de tres organizaciones, que son el Centro Panamericano de la Fiebre Aftosa (PANAFTOSA), el banco de vacunas que almacenará principios activos para la producción de estas; el Banco Regional de Antígenos de Fiebre Aftosa (BANVACO) y la Comisión Suramericana para la Lucha contra la Fiebre Aftosa (COSALFA). Son tres organizaciones que se complementan, pero que en ocasiones también se contradicen.

Básicamente, proponen que dejemos de vacunar en el 2026. Fundamentan su decisión en el hecho de que cinco estados brasileros han tomado la iniciativa de no continuar vacunando, argumentando las siguientes razones:

La primera razón es que, si no vacunamos, obtenemos un mejor precio de venta en el exterior; sin embargo, Argentina y Uruguay afirman que ellos vacunan y no han desmejorado los precios.



La segunda razón es que les preocupa el costo para los ganaderos. Olvidan que, en nuestro caso, durante el último brote que ocurrió en el departamento de Arauca, en el 2017, de 317 reses que se sacrificaron no han pagado ninguna. Tampoco las más de 2.000 reses que se sacrificaron en Cundinamarca. El fusil sanitario funciona en países desarrollados como Gran Bretaña, donde sí les pagaron a los ganaderos las reses sacrificadas.

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La tercera razón consiste en que cinco estados brasileros sugieren que ya son libres de aftosa sin vacunación. Sin embargo, los recientes brotes en Rusia e Indonesia –esta última tiene alarmada a Australia, que ya documentó casos de la epizootia traída de ese país–, además de nuestro absoluto desconocimiento de lo que sucede en Venezuela y la claridad que tiene la ciencia de que el virus puede viajar miles de kilómetros, sepulta la seguridad con la que hablan los cinco estados mencionados.

La cuarta razón es en nuestro concepto algo ingenua, pues hablan de que esta es una solución conjunta. No sobra preguntarnos cómo se resolverían las urgencias de vacunas. Tiende uno a pensar que los países con mayores aportes a BANVACO tendrían la prioridad en caso de una emergencia.

Tampoco es claro el tiempo de respuesta ni qué sucedería si no se cumple con la entrega de las dosis. ¿Pagaría el banco a cada ganadero la aplicación del fusil sanitario? ¿Cómo se determinaría el costo de cada animal? Para los ganaderos no tiene sentido que la neutralización de las enfermedades dependa de un tercero. El ganadero es libre; no le gusta que le digan que depende de un ausente.

La última y nada fácil es que, en nuestro caso, el control de fronteras, y en especial los 2.219 kilómetros que tenemos con Venezuela, es insuficiente. No hemos logrado controlar el paso de delincuentes, mucho menos vamos a lograr evitar que nos invada un virus.

Reiteramos que Colombia no puede dejar de vacunar. Estamos alineados con Fedegan. ¡¡¡Increíble, en un mes llevamos dos veces en las que, sin hablar, estuvimos de acuerdo!!!

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Coincidimos con Uruguay, Argentina y Paraguay en no dejar de vacunar. Miren las cifras que comparten en la revista Valor Agro. Mercosur es libre de aftosa con vacunación; exporta $15 mil millones de dólares al año en derivados ganaderos, tiene un inventario de 270 millones de bovinos, una tasa de extracción del 22% (60 millones año), exporta 4 millones de toneladas de carne, es el 36% del mercado mundial y genera 5,5 millones de empleos.

Impresionante, ¿verdad?

Pues bien, si deja de exportar, perdería USD $15 mil millones; si solo deja de exportar a China, las pérdidas serían de USD $7 mil millones, y si exporta solo al 35% de los compradores, las pérdidas ascenderían a USD $5 mil millones.

Nuestra ventaja nos la ofrece un laboratorio oficial, VECOL, y uno privado, LIMOR, donde tenemos técnica, investigación, competitividad (nuestro precio al ganadero es el más bajo de América Latina), desde luego la ciencia y, algo que tanta falta nos hace, ÉTICA empresarial.

Si dejamos de vacunar, los grandes perdedores seríamos los ganaderos.

Si se suspende la vacunación, la vigilancia vale tres veces más que si vacunamos (Fuente: Valor Agro).

Hoy, con la denominación “Libre de aftosa con vacunación”, Uruguay llega a 130 mercados. El año del primer brote de aftosa, ese país perdió $700 millones de dólares.

El presidente López Pumarejo decía: “Mis compatriotas tienen la costumbre de irse para otra fiesta, cuando en la que están, es la buena”. Por favor, no cambiemos el esquema que ya funciona.

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