lunes, 6 de febrero de 2023
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Mala calidad de la educación: ¿solo falta de recursos?

Enrique Forero, Más Colombia

Enrique Forero

Botánico de la Universidad Nacional de Colombia y doctor en biología de la Universidad de la Ciudad de Nueva York. Expresidente de la Academia Colombiana de Ciencias Exactas, de Físicas y Naturale

El viernes, 8 de enero de 2023, se leía en El Tiempo (versión en físico, página 1.5) que la “Mala calidad de la educación, [es] un problema ligado a falta de recursos”. Pero el presidente Petro puso el dedo en la llaga: Colombia es penúltimo entre los países de la OCDE en matemáticas y ciencias. 


“Aquí, una de las causas centrales de nuestra falta de productividad, riqueza, y de nuestro subdesarrollo”, agregó. En el mismo artículo periodístico se hace referencia a que los egresados de licenciaturas y ciencias de la educación, “es decir, quienes se preparan para ser docentes, son los que obtienen los resultados más bajos a nivel global en las pruebas Saber Pro”.

Más adelante el ministro de Educación, Dr. Gaviria, propone algunas prioridades: “Entender dónde están las pérdidas de aprendizaje”, “Reforma del sistema general de participaciones”, y “la calidad no es cuestión solo de plata”, a lo que el autor de la nota agrega: “sino de políticas públicas”, y también se refiere a que “se ha llegado a plantear, incluso, una actualización de currículos, fortalecimiento de recreación y deporte…”. En el artículo también se habla de desfinanciamiento y de problemas de infraestructura.

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¡Nada nuevo bajo el sol! La comunidad académica, educativa y científica, “los que saben de eso”, ha venido analizando la situación por años, y ha hecho propuestas coherentes, basadas en la experiencia directa con el ámbito educativo nacional. Pero cuidado: ahora lo que falta es que el gobierno convoque a “una comisión internacional de alto nivel”, a unos costos exorbitantes, para que venga a decirnos qué hacer.


En esta columna quiero recordar a nuestros gobernantes algunas de las contribuciones más relevantes y más recientes. La más “antigua” es la Misión de Ciencia, Educación y Desarrollo, convocada por el presidente César Gaviria en 1993, que produjo en 1994 una serie de documentos bajo el título de “Colombia al filo de la oportunidad”. 

Existe el Plan Nacional Decenal de Educación 2016-2026, en el que se identificaron diez desafíos que ilustraban muy bien las urgencias y las posibles soluciones. Están los documentos de la Academia Colombiana de Ciencias Exactas, Físicas y Naturales, “Desafíos para el 2030” y “Recomendaciones para el mejoramiento de la educación en Colombia”, el “Decálogo” del Foro Permanente de Ciencia y Educación para el Desarrollo y la Paz” y, finalmente, las conclusiones y recomendaciones de la “Misión Internacional de Sabios 2019”. En la construcción de todos ellos han participado personas que han trabajado en Educación por muchos años.

Un sencillo ejercicio de comparación de las propuestas que aparecen en esos escritos permite identificar varios elementos de consenso que son recurrentes y que, por eso mismo, se constituyen en verdaderas prioridades para el país, ya que se reconoce ampliamente que es necesaria una reforma integral del sistema educativo nacional. 

Todos los proponentes esperan que el Plan Nacional de Desarrollo del gobierno tenga muy en cuenta estas opiniones de grupos de personas conocedoras del sistema, de sus falencias, y de sus posibles soluciones. 


Primero, se resumen a continuación aquellas propuestas universalmente aceptadas (Consenso total). Luego, se incluyen otras propuestas (igualmente importantes) y unas propuestas específicas de la Misión Internacional de Sabios 2019, para terminar con unos comentarios a manera de conclusiones.

Consenso total

La educación es un derecho fundamental de todos los colombianos. Se requiere una política de Estado en educación.

Es necesario realizar una reforma integral al sistema educativo colombiano que responda a las necesidades de formación de los estudiantes del siglo XXI. 

Es urgente formular una política pública para la formación y el mejoramiento de la calidad de los docentes; dignificar la profesión del maestro y redimensionar su rol para convertirlo en un ejemplo vivo de lo que significa ser un “aprendiz” en el siglo XXI, con referentes de flexibilidad, apertura, renovación de actitudes, de saberes y prácticas, sin prescindir de la rigurosidad inherente a la actividad científica y educativa. 


Se apunta a la necesidad de transformar el modelo (paradigma) dominante en educación, pasando de uno basado en la enseñanza a uno basado en el aprendizaje contextualizado que enseñe a pensar y a enfrentar retos, que propicie la crítica constructiva y posibilite soluciones de contexto. Un modelo que enseñe a pensar, conversar y convivir y que, además, rompa las fronteras entre áreas del conocimiento, priorizando la interdisciplinariedad y el trabajo colaborativo.

Se considera prioritario que haya reformas curriculares profundas, generales, flexibles, descentralizadas, y, sobre todo, pertinentes, que impulsen el uso generalizado y pedagógico de las nuevas tecnologías disponibles, pero que también y, sobre todo, tengan un enfoque regional y diferencial, dando prioridad al desarrollo de la población rural a partir de la educación, reconociendo la diversidad étnica, cultural y social del país.

Se requiere la creación de un sistema nacional de educación que garantice el acceso universal a la educación desde la primera infancia hasta la educación superior, y que se articule con el sistema de ciencia y tecnología y con los diversos sectores productivos y sociales.

Se debe garantizar la financiación adecuada de todo el sistema educativo. La importancia otorgada por el Estado a la educación se mide por la participación del gasto educativo en el PIB y en el gasto del gobierno en todos los niveles administrativos. Esto incluye una revisión urgente del Sistema General de Participaciones para, entre otras cosas, garantizar los tres años de educación inicial para todos los niños, independientemente de su condición regional, racial o socioeconómica. 


Otras propuestas igualmente importantes

Educar para la paz sobre la base de la equidad en todos sus aspectos, inclusión y respeto a la ética. 

Promover una definición en educación en las áreas STEM que sea funcional, basada en evidencias científicas y que permita cerrar las brechas de género desde la primera infancia. 

Promover la educación en Artes y Humanidades y una modificación sustancial en el trabajo escolar para incluir música, danza, artes visuales, literatura, poesía, teatro y cine. La relación entre Artes Visuales y Educación posibilita la integración del pensamiento crítico, el desarrollo de la creatividad y el estímulo de las habilidades cognitivas y emocionales; la primera infancia es la base para el comienzo de la formación artística, que debe fomentarse en todos los niveles de la formación básica y media. Es necesario un programa específico para la educación y formación de maestros que tengan a su cargo contenidos relacionados con arte, cultura e industrias creativas y culturales.

Propuestas específicas de la Misión Internacional de Sabios

Aunque la MIS coincide con muchas de las anteriores propuestas, hace considerable énfasis en la educación de los niños y niñas desde el momento de su concepción hasta los cinco años, asegurando que “accedan a una educación diseñada para ellos, con nutrición adecuada, acceso a la salud, afecto respeto y atención” (Proclama de la MIS). 


Y agrega: “Cuando se piensa en el país de esa nueva generación, la educación integral de cero a cinco años se convierte en la más alta prioridad.  En ese corto espacio de tiempo se establecen más del 90% de las conexiones neuronales del cerebro humano, se aprenden la empatía y la convivencia, la ética, la aceptación de la diversidad, la creatividad y se desarrolla la capacidad de ser felices”.

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La MIS también dio importancia a la educación para los adolescentes, propendiendo por una educación media de alta calidad que les abra variadas opciones de vida.

Se deben fortalecer las ciencias básicas, sociales y humanas y la creación artística, ya que solo con el concurso de las ciencias y las artes el país podrá desarrollar tecnologías propias, innovar y fortalecer su productividad, a través del establecimiento de relaciones estrechas con el sector empresarial.

Conclusiones

Una transformación hacia una sociedad del conocimiento, incluyente y sostenible, solo es posible si el acceso a la educación se universaliza, los contenidos se reorientan y las capacidades de las personas se conectan con las necesidades de sus comunidades y de la sociedad en general. 


Rubén Darío Utria, brillante economista colombiano, expresa este concepto en forma por demás ilustrativa y clara:  “La educación no es solo transmisión de conocimientos sino también —y fundamentalmente— el desarrollo y la liberación de la conciencia individual y colectiva de los educandos……Es decir, la plena dignificación del ser humano y el desencadenamiento de su inteligencia, creatividad, afectividad, reflexibilidad, sensibilidad, vocaciones, coraje, espiritualidad, capacidad de trascendencia y todos los demás asombrosos atributos humanos” (Rubén Darío Utria, 2016, pág. 35).

Y no sobra recordar, para terminar, que el General Francisco de Paula Santander implementó la reforma educativa más importante que se ha hecho en nuestro territorio, basada en las ideas liberales y en el ideario de la Ilustración europea, de tal manera que el interés por fomentar una educación democrática se orientó al mejoramiento de la educación elemental. 

Se establecieron escuelas en las diferentes regiones del país, abiertas a todos los niños, sin distinción de clases sociales. Cada parroquia debía tener una escuela primaria, cada provincia un colegio y cada departamento (el país estaba formado por los departamentos de Venezuela, Colombia y Ecuador) una universidad. De allí nació la Universidad Central, con sedes en Caracas, Bogotá y Quito, creada por Santander en 1826.

El periodista Andrés Oppenheimer comentó recientemente que, de acuerdo con el FMI, la principal razón del rezago de los países en desarrollo es la baja calidad de la educación.


Entonces uno se pregunta: ¿Cuándo será que los líderes de nuestro país deciden, de verdad, hacer esos cambios estructurales tan necesarios en la educación? ¿Cuándo algún ministro de Educación y algún presidente de la República decidirán hacer un verdadero “borrón y cuenta nueva” y no seguir poniendo pañitos de agua tibia al problema? ¿Se tendrán en cuenta para el Plan Nacional de Desarrollo 2023-2026 las propuestas de la comunidad? 

Lo que hay que hacer es dejar de preocuparse con modificar los artículos “A” y “C” de la Ley “X” o del decreto “Y”, y de verdad enfrentar con valentía los cambios profundos que se reclaman en esta nota. El General Santander tuvo esa valentía y tenía la visión de un país construido sobre los pilares de la educación y de la ciencia. Y de eso hace ya casi 200 años. 

El FMI nos está diciendo que, en la actualidad, la educación de baja calidad es nuestra principal barrera al desarrollo. No es posible seguir postergando esta reforma integral tan urgente de cara al siglo XXI.

Referencias

Utria, R. D. 2017. La Educación y la Ciencia para el desarrollo nacional y la paz. En: Ciencia y Educación para el desarrollo y la paz. Pág. 24-45. Publ. Academia Colombiana de Ciencias Exactas, Físicas y Naturales. Bogotá D.C. 


Academia Colombiana de Ciencias Exactas, Físicas y Naturales. 2018. Desafíos para el 2030, Educación. Seminario Política Pública al año 2030, págs. 16-23. 

Academia Colombiana de Ciencias Exactas, Físicas y Naturales. 2022. Recomendaciones para el mejoramiento de la educación en Colombia, págs. 3-11. 

Colección de libros de la Misión Internacional de Sabios 2019. 

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