Soplan vientos de desaceleración: ¿qué le espera a Colombia?
El 29 de septiembre de 2022, y después de finalizar la junta directiva del Banco de la República (BanRep), el ministro de Hacienda, José Antonio Ocampo, declaró que comienzan a verse “distintas señales de desaceleración de la economía”, a pesar de las tendencias positivas que se registraron hasta el segundo trimestre de 2022.
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Según el jefe de la cartera de Hacienda, las estimaciones del equipo técnico del Banco de la República indican que para 2023 la economía tendría un crecimiento de solo 0,7%. De ser así, al país le esperan tiempos de fuerte desaceleración económica.
De acuerdo con el comunicado del Banco de la República, que detalla aspectos de la última sesión de la junta directiva, la inflación total en agosto superó en 0,9% anual lo esperado por el equipo técnico. Este había estimado una inflación del 9,9% anual, pero ese mes se situó en 10,8%.
Ante esta situación, el BanRep aumentó en 100 puntos básicos la tasa de interés, hasta ubicarla en 10%, en un esfuerzo por neutralizar los efectos de la inflación y la incertidumbre en los mercados mundiales. En el comunicado señala, además, que la junta directiva “continúa con el proceso de ajuste de la política monetaria que en el mediano plazo conduzca la inflación a su meta de 3%”. Para lograrlo, indica que “adoptará las decisiones que considere necesarias con base en la nueva información disponible”.
María Claudia Lacouture, presidente ejecutiva de la Cámara de Comercio Colombo Americana (AmCham), recordó en su cuenta de Twitter que “los organismos financieros internacionales pronostican una desaceleración económica producto de las medidas restrictivas para contrarrestar la inflación y la incertidumbre en los mercados mundiales, con altas tasas de interés y un ambiente de incertidumbre!”.
Al respecto, planteó que “son situaciones que el sector productivo debe afrontar y para lo cual debería existir una política pública que contribuya a hacerle frente, darle al tejido empresarial las herramientas que le permitan seguir siendo el motor de desarrollo del país”.
Para el profesor y miembro del Observatorio Laboral de la Universidad del Rosario, Iván Jaramillo, “es muy posible [que se dé] la desaceleración proyectada para el año 2023. La reactivación, que ha estado acompañada por un crecimiento sostenido de la inflación ligado a la situación global que permite advertir una recesión, ha determinado el aumento de las tasas de interés como instrumento de control inflacionario”.
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De acuerdo con Orlando Villabona, investigador del Departamento de Ciencias Económicas de la Universidad Nacional de Colombia, es muy posible que para el próximo año haya desaceleración y que la economía no crezca al ritmo necesario. En ese caso, los negocios y la economía en general se verían muy afectados.
Mauricio Salazar Sáenz, profesor de Economía de la Universidad Javeriana, fue más lejos y señaló que, más allá de la desaceleración proyectada para 2023, no se sabe si habrá recesión. De ser así, los efectos serían más devastadores que los de las pérdidas ocasionadas por la pandemia, señaló.
Contexto internacional
Ya son más de dos años desde que la Organización Mundial de la Salud (OMS) declaró la pandemia por Covid-19, una situación que ha tenido serias consecuencias para la economía global.
Lo que siguió a la emergencia sanitaria —escasez de algunos productos, desempleo, inseguridad alimentaria, crisis logística mundial— y los conflictos que ha vivido el mundo desde entonces, entre los que se destaca la guerra en Ucrania, han puesto en aprietos a los países y, por ende, a los ciudadanos.
En un contexto de alta inflación nacional e internacional, de recuperación económica postpandemia y de guerra entre dos países proveedores mundiales de energía, alimentos e insumos, el temor por una recesión global viene aumentando.
“A pesar de que se pronosticaba que la recuperación iba a ser muy rápida después de la fuerte caída de la economía en pandemia, para estar en los niveles anteriores, eso no se ha visto: la recuperación ha sido lenta”, explica Salazar.
Salazar agrega que, después de la pandemia, soplaron vientos inflacionarios, se vio escasez de muchos bienes y estalló la guerra entre Ucrania y Rusia, un panorama que llevó a “los bancos centrales a subir la tasa de interés y a los ministerios de Hacienda a hacer reformas fiscales para contener el déficit fiscal producido por la pandemia. En este contexto, lugares como Europa y Estados Unidos podrían estar viviendo recesión y, Colombia, desaceleración”.
Control de la inflación
Sin duda, las perspectivas económicas mundiales y nacionales no son favorables a los ciudadanos, quienes han perdido poder adquisitivo ante el encarecimiento de los bienes y servicios.
Para controlar la inflación, término al que hace referencia este incremento en los precios, los bancos centrales de los países suelen adoptar medidas como el aumento en las tasas de interés. Elevar dichas tasas vuelve más costosos los créditos y hace más escaso el dinero. Esto desestimula la demanda, lo cual, a su vez, empuja a la baja la inflación. No obstante, el remedio no está exento de efectos secundarios, pues al aumentar las tasas de interés se desacelera el crecimiento económico.
¿Cuáles serían los efectos de la desaceleración económica?
A Villabona lo que más le preocupa de la desaceleración es que “podría generar problemas económicos para cumplir con los programas del gobierno” y, por ende, no alcanzar las metas que se ha proyectado.
Para Salazar, los efectos de la desaceleración en la economía colombiana van en dos vías. Por un lado, la pandemia hizo que el país retrocediera casi diez años en indicadores como los de equidad de género y pobreza. Con la desaceleración, “el empleo, la pobreza y demás variables que miden el bienestar en una sociedad no se van a recuperar a la velocidad que se venía haciendo”, que si bien ha sido lenta, se estaba dando.
Por el otro lado, la desaceleración perjudicaría el comercio exterior colombiano, pues el mundo nos compraría menos mercancías. Con ello, el gobierno “no tendrá mucho espacio fiscal para reaccionar a momentos de crisis como los que vienen”, debido al déficit fiscal generado por la atención a las necesidades de la pandemia.
En relación con el mercado laboral, Jaramillo hace hincapié en que, por la desaceleración, “puede preverse una ralentización de la recuperación de los niveles de empleabilidad”. Según explicó, para el primer semestre de 2023 se preveía un regreso de los niveles de desempleo a un dígito. No obstante, la política de control inflacionario podría ralentizar la recuperación, indicó. De acuerdo con las últimas cifras del DANE, en agosto de 2022 la tasa de desempleo nacional fue del 10,6%.
Por su parte, Salazar coincide con Jaramillo y señala que, en tiempos de recesión, la creación de puestos de trabajo es menor. Además, estima que probablemente se negociaría un salario mínimo alto. Todo esto llevaría, en su concepto, a que “el hogar promedio colombiano tenga a algunas personas empleadas, a muchas desempleadas, y un costo de vida alto”.
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