Terremoto en Colombia: así cambiará la economía regional
El terremoto en Colombia golpeó empresas, empleo e infraestructura. Así puede cambiar la economía de las regiones afectadas durante la reconstrucción.

El terremoto del 10 de agosto no solo destruyó viviendas y dejó una enorme emergencia humanitaria. También golpeó el tejido empresarial, el empleo, el comercio, la infraestructura y las cadenas de abastecimiento de varias regiones del país.
La reconstrucción podría convertirse en uno de los mayores movimientos de actividad económica de los próximos años, pero antes de que lleguen las obras habrá que enfrentar un problema menos visible: miles de empresas y trabajadores tendrán que recuperar su capacidad de operar.
El terremoto de magnitud 7,4 tuvo su epicentro en San José del Palmar, Chocó, y afectó especialmente a territorios del occidente y el Eje Cafetero. Entre las zonas con mayores impactos se encuentran Chocó, Valle del Cauca, Risaralda, Quindío y Caldas.
Casi 270.000 empresas están en las zonas más afectadas
Una de las dimensiones económicas más importantes de la emergencia está en el número de empresas ubicadas en los territorios golpeados.
De acuerdo con una línea base elaborada por la Red de Cámaras de Comercio a partir de información del Registro Único Empresarial y Social (RUES) y la Planilla Integrada de Liquidación de Aportes (PILA), las zonas priorizadas concentran 269.786 empresas y 1.396.020 empleos formales.
El universo corresponde a 127 municipios de Chocó, Quindío, Valle del Cauca, Risaralda y Caldas, territorios en los que viven cerca de ocho millones de personas.
El dato más importante es la composición de ese tejido empresarial: el 93 % de las empresas son microempresas.
Esto significa que el impacto económico del terremoto no se limita a las grandes compañías o a las industrias que tienen capacidad para absorber temporalmente una interrupción de sus operaciones.
Una parte importante de la recuperación dependerá de miles de pequeños negocios: tiendas, restaurantes, talleres, comercios, servicios profesionales, pequeños productores y emprendimientos familiares.
Para muchas de estas empresas, unos pocos días sin vender pueden representar un problema considerable de flujo de caja.
La reconstrucción será un enorme movimiento económico
El Gobierno estima preliminarmente en alrededor de $30 billones las pérdidas físicas ocasionadas por el terremoto.
La cifra incluye aproximadamente $24,5 billones en daños relacionados con edificaciones y $5,5 billones en infraestructura. Sin embargo, se trata de una estimación preliminar que puede cambiar a medida que avance el levantamiento de información.
La reconstrucción movilizará recursos hacia sectores como la construcción, el cemento, el acero, los materiales eléctricos, la madera, el transporte, la ingeniería, la arquitectura y la mano de obra.
Por eso, el terremoto tendrá una paradoja económica.
Primero destruye capacidad productiva y riqueza; después, la reconstrucción puede generar una fuerte demanda de bienes y servicios.
Pero ambos fenómenos no son equivalentes.
Construir nuevamente una vivienda que se perdió no significa que Colombia haya creado una vivienda adicional. En buena medida, los recursos se utilizarán para recuperar activos que ya existían antes del desastre.
Por eso, aunque la reconstrucción puede impulsar temporalmente la actividad económica y el empleo, no debe confundirse automáticamente con una creación equivalente de riqueza.
El primer gran reto: recuperar a las pequeñas empresas
El futuro económico de las regiones afectadas dependerá en buena medida de qué tan rápido puedan volver a operar sus empresas.
Una compañía que pierde maquinaria, inventarios, instalaciones o acceso a sus clientes puede tener dificultades incluso si posteriormente recibe recursos para reconstruir.
El problema es especialmente relevante para las microempresas.
Mientras una compañía grande puede contar con seguros, reservas de efectivo, líneas de crédito y capacidad para trasladar temporalmente parte de su operación, un pequeño comercio puede depender de los ingresos de cada día para pagar nómina, arriendo, proveedores y obligaciones financieras.
Por eso, la recuperación económica no debería medirse únicamente por el número de viviendas reconstruidas.
También será necesario observar cuántos negocios vuelven a abrir, cuántos empleos se recuperan y cuánto tiempo tardan las cadenas productivas en normalizarse.
El empleo será otra de las grandes variables
Los cerca de 1,4 millones de empleos formales vinculados a las zonas priorizadas muestran la dimensión potencial del problema.
El efecto sobre el mercado laboral puede producirse por varias vías.
Una empresa que no puede operar puede reducir temporalmente sus jornadas, suspender contratos o disminuir nuevas contrataciones. A su vez, los trabajadores afectados reducen su consumo, lo que puede terminar golpeando a otros comercios.
Se genera así un efecto en cadena:
menos actividad empresarial → menos ingresos laborales → menor consumo → menor actividad comercial.
La reconstrucción puede comenzar a romper ese círculo mediante la contratación de trabajadores para obras, transporte, fabricación de materiales y prestación de servicios.
Pero el desafío será lograr que buena parte de ese empleo se genere en las propias regiones afectadas, de manera que los recursos destinados a la reconstrucción circulen dentro de las economías locales.
Buenaventura: un problema que puede trascender las regiones afectadas
El terremoto también puso en evidencia la importancia de la infraestructura logística del suroccidente colombiano.
Buenaventura es uno de los principales puntos de entrada y salida de mercancías del país. Analdex advirtió después del terremoto sobre afectaciones en la operación logística de Buenaventura y en los corredores que conectan el puerto con el interior del país.
La importancia del puerto hace que cualquier interrupción en sus conexiones tenga efectos que van mucho más allá de las empresas ubicadas en el Valle del Cauca.
Por Buenaventura pasan importaciones necesarias para la industria y el consumo interno, así como productos destinados a los mercados internacionales.
De hecho, antes del terremoto Analdex había estimado que interrupciones en el corredor Buga-Buenaventura podían afectar más de 57.000 toneladas diarias de carga de comercio exterior y más de US$92 millones diarios en operaciones de importación y exportación.
La emergencia vuelve a poner sobre la mesa una discusión que va más allá de la reconstrucción: la necesidad de aumentar la resiliencia de las cadenas logísticas colombianas.
El campo también tendrá que recuperarse
El impacto económico tampoco termina en las ciudades.
En las zonas cafeteras y rurales, la infraestructura de vivienda, las vías terciarias, los centros de almacenamiento y las conexiones con los mercados son fundamentales para que los productores puedan continuar trabajando.
Una finca que mantiene su producción, pero pierde el acceso vial para sacar su cosecha, también está enfrentando una pérdida económica.
Por eso, la reconstrucción de carreteras, puentes, acueductos y demás infraestructura productiva será tan importante como la reconstrucción de las viviendas.
La recuperación del campo determinará además qué tan rápidamente pueden normalizarse las cadenas de abastecimiento y los ingresos de miles de familias rurales.
¿Y el turismo?
El turismo representa otro de los sectores que tendrá que enfrentar una doble realidad.
En el corto plazo, los daños en infraestructura y la percepción de inseguridad pueden reducir el flujo de visitantes hacia algunos destinos.
Hoteles, restaurantes, operadores turísticos, comercios y transportadores pueden verse afectados incluso cuando sus establecimientos no hayan sufrido daños físicos.
Sin embargo, la reconstrucción también podría convertirse en una oportunidad para modernizar infraestructura turística y mejorar la capacidad de las regiones para recibir visitantes.
La clave será evitar que la emergencia produzca una pérdida prolongada de competitividad turística.
La reconstrucción puede convertirse en una oportunidad
El terremoto representa una pérdida económica enorme. Pero la etapa posterior también puede abrir una oportunidad para corregir problemas que ya existían antes del desastre.
Las nuevas construcciones pueden incorporar mejores estándares de seguridad, eficiencia energética y adaptación al riesgo.
Las carreteras y puentes pueden reconstruirse con criterios de mayor resiliencia.
Los sistemas de información territorial pueden mejorar.
Y los municipios pueden aprovechar la reconstrucción para ordenar mejor sus territorios.
La experiencia del terremoto de 1999 en el Eje Cafetero mostró que una catástrofe puede terminar transformando profundamente una región cuando existe una estrategia de reconstrucción de largo plazo.
Ahora Colombia enfrenta un desafío de una escala diferente y en un contexto fiscal complejo.
El gran reto será que la plata de la reconstrucción llegue a la economía local
El Gobierno tendrá que movilizar recursos, pero la pregunta no será solamente cuánto dinero se invertirá.
También será importante cómo se gastará.
Si los contratos de reconstrucción se concentran exclusivamente en grandes compañías externas, una parte importante del dinero podría salir rápidamente de las regiones afectadas.
Si, por el contrario, se logra incorporar a pequeñas empresas locales, trabajadores, proveedores, transportadores y comerciantes de los territorios damnificados, la reconstrucción podría tener un efecto multiplicador mucho mayor.
Esto resulta especialmente importante en una región donde el 93 % del tejido empresarial corresponde a microempresas.
La recuperación económica, entonces, tendrá que ir más allá de levantar nuevamente los edificios.
El terremoto puede cambiar la economía regional durante años
La emergencia del 10 de agosto tendrá efectos económicos que probablemente se extiendan mucho más allá de las próximas semanas.
Primero llegará la etapa de emergencia.
Después vendrá la reparación de infraestructura.
Luego, la reconstrucción de viviendas, empresas, colegios, hospitales y vías.
Y finalmente comenzará una etapa más larga de recuperación de la actividad productiva.
En ese proceso, algunos sectores crecerán con fuerza, mientras otros tardarán más tiempo en recuperar los niveles que tenían antes del terremoto.
La construcción, los materiales, el transporte y los servicios asociados a la reconstrucción podrían experimentar un fuerte impulso. En cambio, las empresas que perdieron instalaciones, inventarios o acceso a sus mercados necesitarán tiempo y financiación para recuperar su actividad.
El verdadero éxito de la reconstrucción no debería medirse únicamente por cuántas edificaciones vuelven a levantarse.
También debería medirse por cuántas empresas sobreviven, cuántos empleos se recuperan, cuánto tardan las regiones en volver a producir y si los recursos destinados a la emergencia consiguen dejar una economía regional más fuerte y resistente que la que existía antes del terremoto.
El terremoto destruyó una parte importante de la riqueza acumulada en varias regiones de Colombia. La reconstrucción tendrá ahora el reto de recuperar esa riqueza, proteger los ingresos de las familias y, al mismo tiempo, aprovechar la oportunidad para construir una economía regional menos vulnerable frente al próximo desastre.
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