lunes, 6 de febrero de 2023
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La Alianza del Pacífico profundiza los TLC

Enrique Daza, Columnista

Enrique Daza

Exsecretario de la Alianza Social Continental y de la Red Colombiana frente al Libre Comercio, Recalca. Director del Centro de Estudios del Trabajo, Cedetrabajo

En los últimos dos meses se ha cancelado en dos oportunidades la cumbre presidencial de la Alianza del Pacífico. La primera estaba programada para el 25 de noviembre en Ciudad de México y se canceló porque el presidente Castillo no fue autorizado por el Congreso de Perú para ausentarse del país. La programada para el 14 de diciembre en Lima fue suspendida por la crisis política en ese país, que terminó con el encarcelamiento de Castillo.


El Tratado, suscrito entre Colombia, Perú, Chile y México, entró en vigor en 2015 y su protocolo comercial en 2016. Hasta el momento el único logro ha sido la suscripción de un Tratado de Libre Comercio con Singapur y una propuesta de adhesión de Costa Rica y Ecuador que debía examinarse en las reuniones suspendidas.

En realidad, la Alianza del Pacífico no es un convenio de integración, como ahora pretende presentarse, sino un tratado que buscaba profundizar la relación con la región Asia-Pacífico dentro del formato que busca liberalizar el comercio y las inversiones con dicha región.

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Su impacto sobre el comercio entre los cuatro países que lo integran es completamente marginal, porque ellos ya tienen tratados de libre comercio entre sí. Con la eliminación de aranceles en la abrumadora mayoría de las partidas arancelarias y después de siete años de vigencia no se han visto modificaciones importantes en los flujos comerciales, salvo que a Colombia le va cada vez peor.


El formato de la Alianza del Pacífico es el de un tratado de libre comercio, pero como ya existen Tratados de este tipo entre los diferentes países que lo integran y un Tratado con Estados Unidos es requisito para pertenecer a él, es poco lo que puede contribuir a profundizar los lazos comerciales. De hecho, el pequeño superávit comercial que Colombia tenía con Perú antes de la pandemia, de 425,7 millones de dólares, es muy inferior al que de 2012, de US$ 688,9 millones. Igual sucede con Chile, con el que Colombia tenía un superávit de US$ 1.283 millones en 2012, deficitario en 2019, cuando cayó a US$ 347,9 millones. En el caso de México, Colombia tiene un déficit comercial recurrente, que llegó en 2019 a US$ 2.344,8 millones.

Según el Ministerio de Comercio de Colombia, “la balanza comercial con la Alianza del Pacífico (AP) es deficitaria para Colombia, principalmente por el comportamiento comercial con México. En 2021, el déficit comercial fue de US$1.810 millones. La balanza del sector agropecuario fue deficitaria en US$258 millones y la del sector industrial en US$1.552 millones. En 2021, las exportaciones colombianas a la AP fueron US$3.374 millones, aumentaron 21% respecto a 2020, y las importaciones US$5.184 millones, para un incremento de 28% respecto a 2020”.

La intención real en su momento era participar en el Tratado Transpacífico que venía negociándose desde 2010 entre los países de la cuenca del Pacífico, incluyendo a Estados Unidos, que se retiró bajo la presidencia de Donald Trump.

El verdadero objetivo era acceder al mercado estadounidense acumulando origen, lo que quiere decir que mercancías provenientes de los países de la región con componentes de la misma podrían ingresar a Estados Unidos, mercado considerado especialmente atractivo. Por ejemplo, una mercancía fabricada en Perú pero con fuertes componentes de los países asiáticos miembros del Tratado debería ser considerada originaria del Perú y encontrar facilidades para su comercialización en EE.UU.


Los otros tres socios de la Alianza del Pacífico forman parte de la APEC y del TPP 11, lo que quedó después del retiro de EE.UU. del TPP. El objetivo de Colombia era entonces ingresar a estos acuerdos, para supuestamente poder llegar a mercados asiáticos.

En síntesis, es equivocado afirmar que la Alianza del Pacífico es un mecanismo de integración. En su momento competía con Mercosur, eludía un compromiso de acercamiento entre este y la CAN y establecía parámetros rígidos muy apegados a los enfoques neoliberales en materia de propiedad intelectual, restricciones a la acción del Estado y eliminación de aranceles, entre otros.

Cuando Estados Unidos se retiró del TPP, la Alianza del Pacífico quedó sin brújula y sus cumbres presidenciales, 16 en 11 años, más de una cada año, se han constituido en una verdadera pérdida de tiempo y de recursos. Si este mecanismo se generalizara y tuviera éxito, su resultado sería una especie de resurrección del Área de Libre Comercio de las Américas, ALCA, por la puerta de atrás y en momentos en los que una propuesta de este tipo no tiene ninguna viabilidad.